Tres meses en Alemania

(English version at the end.)

Vamos de nuevo. Empacar, nos toca abordar el taxi, pedir permiso. Cambiar de estación, los cambios que se avecinan están mirándonos el rostro con una sonrisa. Pues aquí vamos otra vez camino a las cola de migraciones, me voy de vacaciones, todo se puede ir un poco a la mierda.

Han pasado tres meses desde que llegué a Alemania y hoy con un pie fuera de Europa Occidental puedo decir que han sido unos 90 días de ansiedad, estrés, cansancio, tedio, aventuras, cosas nuevas, gente nueva, sensaciones extrañas, pero alegres. Mucha comida saludable, largas caminatas, la sensación de estar perdido es el nuevo día a día.

Hace un mes estaba en cama, llorando sin entender bien qué era lo que hacía aquí. A la gente le encanta decirte cómo tomarte las cosas… y a veces tú ni siquiera opinión les has pedido porque no han salido ni de su casa, si a las justas saben lo que es cambiar una comodidad por otra en la rutina de su zona de confort. Nos gusta hablar a los humanos…

Quienes viajan como tripulantes de esta vida y no de “turisteo”, saben lo difícil que es mantenerse a flote sin que las circunstancias te afecten. Ya sea la lengua complicada o la cultura, el shock de las primeras semanas (meses) es un proceso duro.

No voy a contar los trámites, porque me tendría que tomar más de un post para dedicarlo a la burocracia y al servicio postal (he tenido que recordar cómo llenar el sobre correctamente. Eso no lo hacía desde la primaria) porque aquí los papeles mandan para todo.

No voy a contar que la lengua me parece complicada porque con decirles que sigo en el A2 ya es bastante, Es como hablar un español bien, bien básico y a lo Tarzán.

Lo que sí les quiero decir es que nada es perfecto y todo es cuestión de adaptación. Ni aquí es mejor que en otros lados, ni peor. Las cosas, las circunstancias y contextos son diferentes. Eso de andar comparando como se lo he escuchado a mucha gente, pues siempre trae una cola que no te deja disfrutar de las cosas buenas ni aquí ni en la China.

90 días de montaña rusa en medio de clases y amigos nuevos. Amigos muy amigos, amigos nuevos no tan amigos, amigos no-amigos y amigos que no te imaginaste, pero que terminan siendo tus patas.También si andas de soltería, considera a los amigos amantes.

En fin, como cual bicho de Kafka, un animal extraño en un suelo ajeno. Me salían unas arrugas de la desilusión del clima frío en noviembre y como las aguas suelen ponerse de grises a oscuras en estos pantanos de la ansiedad… me sentía muy sola.

Recurrí a la vieja confiable: el móvil. Las benditas redes sociales, los chats y mis medicinas. No había más campo para el yoga, así que le dejé de lado. Mala decisión, pero entre las clases del alemán, el máster y la transformación kafkiana pues no me quedaba de otra.

A este bicho cuando le daban ganas de salir a solas, caminaba mucho siguiendo el Google Maps aunque se perdiera. Llamaba al esposo casi a diario para escuchar su voz y pelear con él sobre la distancia que los separa. A mi madre le escribía para decirle que la echaba de menos. Homescikness, eso era.

Y que uno viaja comodito en estos buses y casi sin tráfico, pero el cero contacto físico me estaba matando. La gente te saluda a kilómetros de distancia con un gesto medio seco en la cara. La paz del silencio en mi barrio sin palomillas ni motos discotequeras me hacía falta.

Para curarme la nostalgia un domingo fui al museo del cine, por ejemplo. Viendo las máquinas creadas desde antes de los Lumiere y el cinematógrafo me aliviaba el alma. Saber que seguimos soñando cual niños en medio de luces y sombras me dió cierto aliento.

Entonces dejaba de ser ese insecto con la ayuda de los descubrimientos, las clases y por supuesto de la familia y los amigos incondicionales.

Entonces dejaba de ser ese insecto con la ayuda de los descubrimientos, las clases y por supuesto de la familia y los amigos incondicionales.

Las clases del máster se llevan al menos unas 30 horas de mi semana. Discutimos temas muy ligados al cine y al teatro inmersivo. Si les fascina contar historias (storytelling), construir narrativas o mundos (world building) y diseñar espacios y experiencias este programa es el ideal.

Al principio yo no sabía cómo así había ido a parar en esto. Siempre quise estudiar cine cuando era más chica (a los 15 años) pero luego la estúpida realidad de hacer dinero para disque ser feliz me llegó y enterré ese sueño en tantos fardos funerarios que hasta ahora me cuesta desenrollar mis sueños muertos.

Un lunes, hace poco, vi con claridad lo que quería hacer con ayuda de mis profesores. Yo que andaba rehuyendo a las responsabilidades y que no quería llevar el liderazgo en nada porque a los líderes les toca poner las dos mejillas siempre, pues decidí tomar la posta finalmente en uno de los cargos de la producción de nuestra obra.

Luego de eso, como cual bola de nieve, una cosa llevó a otra y todo empezó a encajar. El insecto que tenía las aletas medio salidas se sentía más feliz consigo mismo, el hecho de ser un bicho en un paraíso de mariposas le parecía exótico y único.

Entonces a sus 90 días, la crisálida donde se había refugiado se empezó a rajar. Las aletillas le salen por completo a las 3 de la mañana cuando le atolondran las ideas y las apunta para que le dejen dormir.

Estos tres meses han coincidido con el año que dejé el barco y el período en el que tuve ataques de pánico y ansiedad durante la última Navidad. Si hay algo maravilloso de estos tres meses es que me han enseñado cómo lidiar mejor conmigo misma. A Gregorio Samsa le gusta Gregorio Samsa.

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English version:

Here we go again. Pack and take a cab. Changes are looking at our faces with a smile. I am now on my way to the immigration office. I’m going on vacation so nothing else matters!!!

It has been three months since I arrived in Germany and today with one foot out of Western Europe, I can say that it has been about 90 days of anxiety, stress, tiredness, boredom, adventures, new people, strange sensations, but happy. A lot of healthy food, long walks, the feeling of being lost is the new normal.

A month ago I was in bed, crying without understanding what I was doing here. People love to tell you how to take things … and sometimes you have not even asked their opinion. They just know the routine of their comfort zone. Humans love talking…

Those who travel to experience life and not as tourists, know how difficult it is to stay afloat without the circumstances affecting you. Be it complicated language or culture, the shock of the first weeks (if not months) is a hard process.

I will not tell you about the paperwork, because I would have to take more than one post to dedicate it to the bureaucracy and the postal service (I had to remember how to fill the envelope correctly. That I did not do since elementary school) because here the papers are sent to everything.

I am not going to mention to you that the language seems complicated to me because I am still in A2, It is like speaking basic English as Tarzan used to do.

What I do want to tell you is that nothing is perfect and everything is a matter of adaptation. Neither here is better than elsewhere, or worse. Things, circumstances and contexts are different. Comparisons as I have heard it many people, always bring side effects and do not let you enjoy the good things either here or in China.

90 days of roller coaster amid classes and new friends. Friends very friends, new friends not so friends, friends non-friends and friends that you did not imagine, but that end up being your BFF’s. Also if you are single, consider lovers-friends.

Anyway, like a Kafka bug, enjoy the feeling of being a strange animal on foreign ground. I was getting wrinkles from the disappointment of the cold weather in November and as the waters usually turn gray to dark in these swamps of anxiety … I felt very lonely.

So I relied on: my mobile. The stupid social media, the chats, and my medicines. There was no more time for yoga, so I set it aside. Bad decision, but between the German classes, the master and the Kafkian transformation I had no choice.

When the bug wanted to go out alone, she walked a lot following Google Maps even if it was lost. She called her husband almost daily to hear his voice and fight with him over the distance that splits both of them and wrote to her mother to tell her that she missed her. Homesickness, that was.

And that one travels on these buses with almost no traffic, but zero physical contact was killing me. People greet you miles away with a cold gesture on their faces. The peace of silence in my neighborhood without the noisy Lima atmosphere was something I needed.

To heal my nostalgia, one day I went to the cinema museum. Seeing the machines created before the Lumiere and the cinematographer relieved my soul. Knowing that we are still dreaming like children in the midst of lights and shadows gave me some encouragement to keep going.

Then it stopped being that insect with the help of these discoveries, the classes and of course my family and unconditional friends.

Master’s classes take at least 30 hours of my week. We discuss issues related to cinema and immersive theater. If you love to tell stories (storytelling), build narratives or worlds (world-building) and design spaces and experiences this program is ideal.

At first, I did not know how it had gone like this. I always wanted to study cinema when I was younger (at age 15) but then the stupid reality of making money to be happy came to me and I buried that dream in so many funeral bundles that until now it is hard for me to unwind my dead dreams.

One Monday, recently, I saw clearly what I wanted to do with the help of my teachers. I who was shying away from responsibilities and did not want to lead at all because the leaders always have to turn both cheeks, I decided to finally take the post in one of the positions of the production of our work.

After that, like which snowball everything began to fit. The insect that had the fins out half felt happier with itself, the fact of being a bug in a butterfly paradise seemed exotic and unique.

Then at 90 days, the chrysalis where it had taken refuge begins to crack. The fins come out completely at 3 in the morning when her ideas are overwhelmed and she aims to let her sleep.

These three months have coincided with the year I left the ship and the period in which I had panic attacks and anxiety during the last Christmas. If there is something wonderful about these three months, they have taught me how to deal better with myself. Gregorio Samsa got to like Gregorio Samsa.

Estudiar en Alemania (Parte 1 – Research)

Hola gitanillos, hoy me decidí a subir un video sin make-up ni producción, disculpen ustedes el look, pero tenía que actualizar el blog para contarles un poco por qué decidí venir aquí a llevar el máster y ayudarles un poco a que tengan idea de algunos requisitos que solicita el gobierno alemán para otorgar el visado.

Son 10 minutos, pueden escucharlo mientras cocinan o se bañan, jajaja, cual podcast. No tiene efectos ni nada, qué va! Ni que fuera Youtuber!

Pues vamos a lo nuestro. Aquí les dejo el primer video:

P.D.: El link del que hablo en el video es este de la DAAD:
https://www.daad.de/deutschland/studienangebote/international-programmes/en/

Viajando a Alemania

Hauptbahnhof station. Frankfurt am Main. Photo: Sara Apaza.

He dejado Lima nuevamente. Esta vez, admito me costó un poco más que antes. A veces creo que mi familia y mis amigos ya están acostumbrados a verme partir. Pero, creo que la madurez nos hace más sensibles, más humanos también, o al menos eso siento que gano con las canas que me salen.

Aunque ya no sea una jovencita de veintes, soy más bien una “señora” de treintas usando todas las cremas que puedo para que mis arrugas de “la sonrisa y del regaño” se me noten cada día menos, como si eso fuera posible, jajaja. Sigo viajando, como cuando tenía 7 años menos. Aún no cumplo una década de llevar una vida un poco errante, entre las visitas que doy a Lima y los intentos de migración que llevamos con mi esposo, pero ya puedo decir que me estoy graduando en millas.

¿Graduarse en millas? ¿Y eso qué? ¡Vaya inestabilidad! Ni casa, ni auto, ni hijos y se te va a pasar el tren. Pues que se me pase. Si hay algo que las terapias me han ayudado a aceptar es mi propio devenir. Acepto quien fui, quien soy y quien quiero ser. Y siempre quise ser una ciudadana del mundo, por eso sigo viajando. No solo por mi esposo y nuestros planes de buscar un lugar donde crecer juntos, sino por mi también, porque mi exploración no está completa y no lo estará hasta que yo misma sienta eso.

Y vaya que sueño con comprarme una casita rodante y tener muchos perros. Le he preguntado a mi marido qué piensa y me dice que no quiere tantos perros, :D. Iré trabajando en eso para convencerle.

Adoptar perros será mi forma de agradecerles por haberme devuelto las ganas de explorar y sentir el mundo como lo hacen ellos. Sin miedo y con amor. Es gracioso porque escribo esto y pienso en mi Lilo en casa y se me salen las lágrimas, no lo puedo evitar.

Quisiera que el mundo fuera más perri-gati-animal-amigable porque es un poco complicado andarse moviendo por el mundo sin que le acepten a uno las mascotas en los pisos que alquila. Aunque ya de por sí, los humanos lo tenemos bastante difícil con esto de los pasaportes.

Volviendo al tema del viaje que es el motivo de este post. Quisiera decirles que estoy super lista para el máster y para hablar mi alemán (masticado), pero creo que uno nunca está 100% listo.

Mi itinerario de viaje dura unas 18 horas y en este momento estoy haciendo escala en Madrid por algunas horas. Tiempo perfecto para llenar este diario con algunas líneas.

El primer vuelo ha sido sumamente tranquilo y rápido. No sentí las casi 11 horas de vuelo gracias a varios filmes que llamaron mi atención, entre ellos Rocketman,- ¡qué increíble está esa película!-.

¿Qué haré en Frankfurt? Pues aún no he marcado mi agenda con actividades fijas para cada día. Quizás pueda ver a amigos o amigos de amigos hasta que comiencen mis clases del máster.  Aún no sé qué esperar de esta nueva temporada…

Había pensado en cambiar el nombre del blog o cerrarlo puesto que creía que ya no podía seguir escribiendo publicaciones con este tipo de contenidos, pero mi alma trotamundos ha sobrevivido a las tormentas emocionales y a mi pereza.

Prometo volver con otro post para contarles cómo pueden seguir viajando de otras formas, no solo como fotógrafos de crucero sino como au pairs o estudiantes de bachiller o de máster o una carrera técnica – Ausbildung. Ya les contaré cómo van mis primeros días y encuentros en Alemania.

¡Hasta entonces, gitanillxs!

Once meses en Lima

Lilo y yo.

Casi un año de mi último post, y queridos diarios, han sucedido muchas cosas. La verdad, creo que estaba huyendo de este hermoso ejercicio que es escribir.

A ver, ¿qué han pasado en estos casi 11 meses desde que llegué?
Tuve dos trabajos, perdí amigos, gané amigos, fui al médico al menos unas 100 veces entre ecografías, descartes de tiroides, terapias psiquiátricas… En fin, viví y sigo viviendo.

Últimamente pienso que la vida es una sátira, una película de Woody Allen. Es una comedia negra, sí. En la que estamos sentados todos en una mesa un viernes por la noche. Aunque no haya para el vino y tengamos solo para el agua, cada quien va con una historia bajo el brazo. Nacemos, crecemos y en la vida adulta todos los problemas no resueltos te empiezan a aquejar, se convierten en piedritas pequeñas en la suela del zapato que te obligan a detenerte.

Nuestras historias llevan un poco de realidad y de fantasía. El realismo mágico de las novelas y películas aparecerá para enfrentarnos en esta cruda realidad en la que no todos somos fieles, ni santos, ni demonios, ni ángeles.

Quizás todos estemos conectados de alguna forma. Todos los personajes de nuestra vida están entrelazados y volverán tarde o temprano.

Tan gracioso como levantarse luego de hacer el amor, hacer el desayuno y encender la televisión. Las noticias hablan del presidente y el Congreso y de pronto, en el plano, el camarógrafo amigo que una vez te besó- y que no sabes cómo dejaste de ver- está ahí haciéndole sombra al reportero que estuvo en una relación tormentosa con tu mejor amiga.

Tienes un flashback. No, tienes dos o tres. Sonríes, mientras sirves el café de esta mañana y tu esposo alista el equipaje.

Quizás él ve a la conductora y recuerda a su primer y único amor ¿o es que acaso está pensando en el almuerzo de hoy?

Volviendo al tema de escribir y de qué he hecho en 11 meses.

Tuve dos trabajos y debo decir que aprendí muchísimo de ellos. Ambos los disfruté como amores de verano puesto que siempre tenía miras a salir nuevamente de Perú.

Tuve dos terapistas. Mi psiquiatra y mi psicóloga que fueron un apoyo increíble en toda esta etapa de auto- descubrimiento. Por sugerencia de una de ellas dejé de ver a mi padre por un tiempo, puesto que nuestra relación generó muchas heridas cuando crecía. Espero algún día poderles contar la historia completa porque a veces es mejor desprenderse de quienes queremos por nuestro propio bienestar.

Aprendí que estar sano en el Perú es un lujo. Nuestro país realmente necesita difundir más información sobre lo que es la depresión, la ansiedad y otras enfermedades que a veces resultan de nuestras heridas emocionales generadas en el hogar.

Esto último es muy importante. Si alguna vez su mente y cuerpo les piden ayuda, escúchenlos y acudan a un médico. Las medicinas para los pacientes de depresión y ansiedad no son las más económicas, pero ayudan mucho al tratamiento.

Fui diagnosticada con un estrés postraumático que me llevó a lidiar con ataques de pánico en mis últimos viajes. Yo no entendía por qué mi cuerpo sudaba y lloraba. Me sentía sola y tenía miedo de todo. Un miedo sin razón. Miedo a mis viajes en avión y en barco… Qué increíble, si yo amo viajar tanto como Gulliver o Julio Verne. 😀

Pero si les puedo contar lo qué han sido estos 11 meses es porque los sobreviví. Dejar de viajar fue lo primero, luego empecé las terapias y empecé con la meditación.

11 meses de ver a mis familiares y amigos, de escribir a mis amigos por el mundo en México, Brasil, España, Alemania e India.

Para sobrellevar la carga económica, mi esposo y yo decidimos separarnos. Él sigue surcando los mares a bordo del crucero y yo desde Lima empecé a llevar estudios de idiomas para prepararme para cursar un máster.

No encontraba mucho tiempo para escribir. Me distraigo y soy una holgazana. Todo es culpa de mi perrita, que me ha acompañado tanto en esta temporada. Valorar el tiempo en casa, pasear, mirar las aves, los rostros de la gente, ser una romántica, todo eso se lo debo a Lilo.

Lo mejor que uno puede hacer es apagar todo. Y la verdad desconectar ha sido la lección más grande. ¿En qué momento dejamos de sorprendernos por la simpleza de  las cosas? El buen sabor de una comida en casa, la sonrisa de los niños, los perros jugando en el parque, una canción entonada en el bus.

Me he enamorado nuevamente de vivir. Vivir a fondo, a plenitud y sin arrepentimientos. Aunque hay días oscuros y de recaídas, lo que se puede hacer es pensar que todo pasa y que mañana será otro día.

Estoy segura que todos muy al borde de nuestra siguiente vida, frente a la muerte, sonreiríamos sabiendo que hemos vivido plenamente, que dimos hasta ese último microsegundo de vida para algo que nos hacía felices.

¿Qué me deja la ciudad en estos 11 meses? Mucho ruido, calles, comida, sentimientos, colas, muchas colas y más memorias.

Les extrañé.

P.D. Voy pronto para Alemania (Frankfurt) a llevar un máster.
Si algún gitano de este diario anda por allá, solo hágamelo saber. ¡Los veo pronto!

Cuando pienses en volver

Aeropuerto Jorge Chávez. Llegada a Lima. Foto: Sara Apaza.

Sí, ya sé que suena algo como la canción de Pedrito Suárez Vértiz y quizás debería de ser un post nostálgico acorde con las festividades, pero la realidad es gris y un tanto fría. Volver a tu ciudad después de tiempo fuera es reencontrarte con tus amigos y familia, sonrisas, abrazos, olores familiares, sabores de mamá y contig@ mism@.

Lima, mi ciudad panza de burro con las horas solares más contadas de este universo y sus calles y pistas decoradas con carritos y micros de colores. Es ruidosa sonora y visualmente, pero tiene su encanto si se le observa desde distintos ángulos y estas miradas siempre batallan en mi mente.

Llegué hace más de un mes y la idea de establecernos con mi familia en la capital nos ha resultado un tanto difícil por el tema del piso. Hace unos años, pude alquilar un minidepartamento por 500 soles mensuales en una zona tranquila de Barranco. Hoy mudarse a ese distrito es lo que menos se me ocurriría, no solo por el precio sino que creo que mudarse a una zona donde se sobrevaloran los pisos contribuiría más a la burbuja que ya existe en Lima.

En un primer intento, hicimos lo intuitivo: Buscamos en la web. En algunos sitios había ofertas interesantes, pero algunos avisos eran tan increíbles que hasta parecían falsos… y resultó que lo eran. Luego, intentamos un domingo. Nos levantamos muy temprano para comprar el diario y ver los avisos en la versión impresa, “Habrá gente un poco más convencional”, pensamos y por eso decidimos llamar a los que nos parecieron que estaban a nuestro alcance.

Llamábamos y había mucha gente no contestaba o simplemente nunca devolvía la llamada por muchas razones. En fin, a los días dimos con un aviso por San Miguel y fuimos a visitar el departamento. Todo fluyó con normalidad y pese al retraso del agente inmobiliario pudimos ver el espacio y en ese momento se nos solicitó información como boletas de pago y nuestros DNI.

Brindamos toda la información posible, lamentablemente nunca nos respondieron y entendimos que no calificamos. Nunca nos dijeron porqué y desde ese momento nos quedaron dudas sobre los apartamentos que nos ofrecían. Ha pasado un mes y seguimos buscando un lugar pequeño y no muy lejano de San Miguel o Pueblo Libre.

Lima ruge cada mañana acostada en su panza gris. Es una bestia tierna y salvaje a la que quisiera ver menos amarilla y más verde.

No sé cuánto tiempo nos quedemos, ni lo que tomará adaptarnos nuevamente a este punto del universo. Dicen que una vez que te vas ya no eres el mismo y no porque te creas la gran cosa. No. Tu ser, tu almita viajera y rumbera ha cambiado, ha vivido un proceso distinto y ese yo que se fue no es el mismo que vuelve. Ah, pero aquí estamos con las maletas listas para desempacar aunque sea por un rato.


Odiseas Familiares en una caja de zapatos

Desde hace cinco años llevo buscándome fuera de este país. He viajado y migrado por avión, por bus, por tren. He vivido sola, con amigas, con desconocid@s, con gatos…

Y no ha sido sino hasta esta semana en Lima durante el taller Odiseas Familiares” del escritor y periodista Marco Avilés que fui consciente de que mi exploración me había llevado a todas partes y a ninguna.

A la mañana siguiente de haber escuchado las historias de migrantes e hijos de migrantes mi cabeza seguía procesando sus testimonios. Sus voces seguían sonando con fuerza en mi mente. De pronto me escuchaba a mí misma perdida y quise saber quién soy.

Aprovechando mi estadía en Lima, mi ciudad de nacimiento, fui encontrando tesoros familiares escondidos en cajas de zapatos. Memorias de hasta 4 generaciones pasadas en cajas de cartón que, felizmente, ni la humedad ni el tiempo han borrado.

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Familia Huamán Berren
Familia Huamán Berren. José Huamán, Rosa Berren e hijos.

Mis apellidos son Apaza Huamán y los primeros registros que pude encontrar son de la familia materna. Los Huamán de Trujillo que aparecen en este primer registro familiar realizado en un estudio del Centro de Lima (1925) son José Huamán y Rosa Berren junto a sus niños, entre ellos mi abuelo José Fortunato, quien lleva un cuaderno y tiene apenas 7 años en la foto.

Jovita Lara Esparza e hijas
La abuela Jovita junto a sus hijas.

En esta otra imagen las mujeres de la familia Huiman. Mi abuela Manuela aparece en la esquina derecha junto a su madre Jovita y sus cuatro medio hermanas. “Mañuquita”, como la recordamos, nació en el distrito de Moro en Áncash y luego llegó a Lima junto a su familia. Aunque no sabemos los motivos de la mudanza, mi madre me cuenta que ambas familias se instalaron en pequeñas quintas en el distrito de Lince.

***

Las huellas de la migración también vienen del sur. La familia de mi padre proviene de Arequipa y en el caso de ellos no tengo acceso a fotografías por un distanciamiento familiar. Quizás esto sea lo más sensible de toda esta historia, lo más difícil de entender.

Tanto mi hermana como yo hemos podido descubrir un acercamiento a Puno increíble, una conexión que nos lleva a vibrar con su música y folklore. Nuestro primer acercamiento fue en la escuela durante las festividades de octubre cuando teníamos que realizar las danzas de la Candelaria para la kermesse de la escuela.

Como no puedo describir lo que siento cuando escucho una morenada, una saya, una diablada o nuestra marinera puneña con pandilla, me he sentido emocionada al punto de la lágrima en plena danza.

Lo curioso aquí es que no nos pasa lo mismo con otras danzas, entonces descubrimos que hay una conexión especial con el sur por las razones que sea.

Familia Apaza Huamán
Mis abuelos Dora Ramos y Félix Apaza junto a mis padres en el día de mi cumpleaños. (1987)

Mi padre Félix Apaza Ramos nació en Lima, pero sus hermanos nacieron en Arequipa, en donde mi abuela Dora tenía una picantería. La ciudad natal de los padres de la abuela podría haber sido Puno y el apellido Apaza del abuelo Félix tiene origen aymara, aunque él haya nacido en la Ciudad Blanca.

Ambos migraron a Lima hace muchos años y construyeron una casa muy modesta en Flor de Amancaes, en las faldas de los cerros donde recuerdo claramente jugábamos los Siete Pecados.

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Nosotros, los nietos, la segunda generación de migrantes crecimos en medio de juegos, de mucho cariño, pero también de ciertos silencios. En el caso de mi familia materna las relaciones siempre fueron muy abiertas, la memoria de los familiares del norte estaba un poco más actualizada por algunas visitas de tías y primos desde Catacaos.

El tesoro escondido de la familia paterna es una visita pendiente, aunque de niña haya sido muy feliz corriendo y escondiendo los caramelos que mi abuelo me daba, hay una barrera impenetrable que nos separa. Que no tiene que ver con verguenza ni racismo alguno, no en mi caso, es más bien una colección de heridas que nos han llevado a mantener un saludable contacto telefónico en ciertas fechas.

Aunque el taller haya terminado hace dos días, el ejercicio de memoria y reconciliación apenas ha empezado. La búsqueda empieza a tener sentido, las fotografías son herramientas del pasado para recuperar el yo presente, para descubrir, sanar, compartir.

Antes de cerrar este post, que vino a mí como suplicándome escribirlo, quise también saber de dónde podían venir estas ganas de viajar, de siempre querer curiosear qué pasa más allá, entonces comprendo que el origen de Diario Gitano estaba en todas las veces que miré los álbumes de fotos de mamá.

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Mi madre Ceci viajó mucho antes de tenerme. Tiene cientos de fotografías paseando con sus amigas, disfrutando de lugares, de fogatas, caminatas y amigos de la ruta.

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En esta fotografía estamos juntas en la playa, frente al inmenso océano que místicamente siempre se inmiscuye en mi vida haciéndome sentir sus formas, su presencia, su poder auténtico y divino.