In a road movie (Episodio 3: La despedida)

Vida gitana, aquí estamos empacando de nuevo. Acabamos de despertar.

Son casi las 5 de la manana y logramos dormir sin esfuerzo, de puro cansancio y placer de estar juntos.

Estoy nerviosa, no sé lo que me espera en la capital. Intento imaginarme  Brasilia como la ciudad de Los Supersónicos, bromeo conmigo misma, tengo miedo.

El sol resplandece sobre nosotros. Me despido de Douglas y Denys, mis compañeros de piso, mis amigos y mis hermanos. Los abrazo y espero tener la suerte de encontrarlos pronto.

Mientras te peinas, decido tomarme una foto con Machu Picchu. Lo abrazo, le digo que lo quiero. Estamos listos.

Junto a Machu Picchu

Abordamos el taxi hasta la primera parada del bus. Miro el cielo, te miro, nos besamos. Cierro los ojos y veo ese color rojizo de la luz a través de los párpados y las sombras de los coqueros se disuelven, el olor del mar, tu perfume, la arena…

Estamos de la mano dentro del bus. En silencio, cerramos los ojos para intentar dormir. Pero intentar dormir es igual a abrir la puerta por donde entran los recuerdos.

Se apagan las luces y comienza la proyección del filme. Nos veo riendo en la orilla de la playa. Vamos caminando hasta el puntal de Maracaípe con una botella de vino en las manos.

Conversamos, reímos, el mar corre hacia nosotros… el cielo iluminado por miles de estrellas, el puntal hermoso y desierto. Solo las sombras del follaje se dibujan por encima de las  dunas y el mar.

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Puntal de Maracaípe

Río y mar se encuentran, desnudos observan las estrellas fugaces, hacen el amor, piden deseos.

Aunque en ninguna película perfecta podría faltar un testigo: un pescador solitario estaba cerca alumbrando su camino con una literna. Interrumpidos, mar y río maldicen al hombre que, asustado, acelera el paso en dirección contraria. Se aleja hasta perderse del otro lado de la orilla.

Nadamos. Pedimos más deseos, formamos constelaciones.

La voz del cobrador del bus nos despierta. Estamos llegando y es hora de despedirse. Quise darte algo y se me ocurrió dibujarte un boleto de avión. Miras el destino y la fecha. Sonreímos. Nos besamos. Te pierdo camino al aeropuerto. Esta vez debo continuar mi viaje.

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