Tres meses en Alemania

(English version at the end.)

Vamos de nuevo. Empacar, nos toca abordar el taxi, pedir permiso. Cambiar de estación, los cambios que se avecinan están mirándonos el rostro con una sonrisa. Pues aquí vamos otra vez camino a las cola de migraciones, me voy de vacaciones, todo se puede ir un poco a la mierda.

Han pasado tres meses desde que llegué a Alemania y hoy con un pie fuera de Europa Occidental puedo decir que han sido unos 90 días de ansiedad, estrés, cansancio, tedio, aventuras, cosas nuevas, gente nueva, sensaciones extrañas, pero alegres. Mucha comida saludable, largas caminatas, la sensación de estar perdido es el nuevo día a día.

Hace un mes estaba en cama, llorando sin entender bien qué era lo que hacía aquí. A la gente le encanta decirte cómo tomarte las cosas… y a veces tú ni siquiera opinión les has pedido porque no han salido ni de su casa, si a las justas saben lo que es cambiar una comodidad por otra en la rutina de su zona de confort. Nos gusta hablar a los humanos…

Quienes viajan como tripulantes de esta vida y no de “turisteo”, saben lo difícil que es mantenerse a flote sin que las circunstancias te afecten. Ya sea la lengua complicada o la cultura, el shock de las primeras semanas (meses) es un proceso duro.

No voy a contar los trámites, porque me tendría que tomar más de un post para dedicarlo a la burocracia y al servicio postal (he tenido que recordar cómo llenar el sobre correctamente. Eso no lo hacía desde la primaria) porque aquí los papeles mandan para todo.

No voy a contar que la lengua me parece complicada porque con decirles que sigo en el A2 ya es bastante, Es como hablar un español bien, bien básico y a lo Tarzán.

Lo que sí les quiero decir es que nada es perfecto y todo es cuestión de adaptación. Ni aquí es mejor que en otros lados, ni peor. Las cosas, las circunstancias y contextos son diferentes. Eso de andar comparando como se lo he escuchado a mucha gente, pues siempre trae una cola que no te deja disfrutar de las cosas buenas ni aquí ni en la China.

90 días de montaña rusa en medio de clases y amigos nuevos. Amigos muy amigos, amigos nuevos no tan amigos, amigos no-amigos y amigos que no te imaginaste, pero que terminan siendo tus patas.También si andas de soltería, considera a los amigos amantes.

En fin, como cual bicho de Kafka, un animal extraño en un suelo ajeno. Me salían unas arrugas de la desilusión del clima frío en noviembre y como las aguas suelen ponerse de grises a oscuras en estos pantanos de la ansiedad… me sentía muy sola.

Recurrí a la vieja confiable: el móvil. Las benditas redes sociales, los chats y mis medicinas. No había más campo para el yoga, así que le dejé de lado. Mala decisión, pero entre las clases del alemán, el máster y la transformación kafkiana pues no me quedaba de otra.

A este bicho cuando le daban ganas de salir a solas, caminaba mucho siguiendo el Google Maps aunque se perdiera. Llamaba al esposo casi a diario para escuchar su voz y pelear con él sobre la distancia que los separa. A mi madre le escribía para decirle que la echaba de menos. Homescikness, eso era.

Y que uno viaja comodito en estos buses y casi sin tráfico, pero el cero contacto físico me estaba matando. La gente te saluda a kilómetros de distancia con un gesto medio seco en la cara. La paz del silencio en mi barrio sin palomillas ni motos discotequeras me hacía falta.

Para curarme la nostalgia un domingo fui al museo del cine, por ejemplo. Viendo las máquinas creadas desde antes de los Lumiere y el cinematógrafo me aliviaba el alma. Saber que seguimos soñando cual niños en medio de luces y sombras me dió cierto aliento.

Entonces dejaba de ser ese insecto con la ayuda de los descubrimientos, las clases y por supuesto de la familia y los amigos incondicionales.

Entonces dejaba de ser ese insecto con la ayuda de los descubrimientos, las clases y por supuesto de la familia y los amigos incondicionales.

Las clases del máster se llevan al menos unas 30 horas de mi semana. Discutimos temas muy ligados al cine y al teatro inmersivo. Si les fascina contar historias (storytelling), construir narrativas o mundos (world building) y diseñar espacios y experiencias este programa es el ideal.

Al principio yo no sabía cómo así había ido a parar en esto. Siempre quise estudiar cine cuando era más chica (a los 15 años) pero luego la estúpida realidad de hacer dinero para disque ser feliz me llegó y enterré ese sueño en tantos fardos funerarios que hasta ahora me cuesta desenrollar mis sueños muertos.

Un lunes, hace poco, vi con claridad lo que quería hacer con ayuda de mis profesores. Yo que andaba rehuyendo a las responsabilidades y que no quería llevar el liderazgo en nada porque a los líderes les toca poner las dos mejillas siempre, pues decidí tomar la posta finalmente en uno de los cargos de la producción de nuestra obra.

Luego de eso, como cual bola de nieve, una cosa llevó a otra y todo empezó a encajar. El insecto que tenía las aletas medio salidas se sentía más feliz consigo mismo, el hecho de ser un bicho en un paraíso de mariposas le parecía exótico y único.

Entonces a sus 90 días, la crisálida donde se había refugiado se empezó a rajar. Las aletillas le salen por completo a las 3 de la mañana cuando le atolondran las ideas y las apunta para que le dejen dormir.

Estos tres meses han coincidido con el año que dejé el barco y el período en el que tuve ataques de pánico y ansiedad durante la última Navidad. Si hay algo maravilloso de estos tres meses es que me han enseñado cómo lidiar mejor conmigo misma. A Gregorio Samsa le gusta Gregorio Samsa.

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English version:

Here we go again. Pack and take a cab. Changes are looking at our faces with a smile. I am now on my way to the immigration office. I’m going on vacation so nothing else matters!!!

It has been three months since I arrived in Germany and today with one foot out of Western Europe, I can say that it has been about 90 days of anxiety, stress, tiredness, boredom, adventures, new people, strange sensations, but happy. A lot of healthy food, long walks, the feeling of being lost is the new normal.

A month ago I was in bed, crying without understanding what I was doing here. People love to tell you how to take things … and sometimes you have not even asked their opinion. They just know the routine of their comfort zone. Humans love talking…

Those who travel to experience life and not as tourists, know how difficult it is to stay afloat without the circumstances affecting you. Be it complicated language or culture, the shock of the first weeks (if not months) is a hard process.

I will not tell you about the paperwork, because I would have to take more than one post to dedicate it to the bureaucracy and the postal service (I had to remember how to fill the envelope correctly. That I did not do since elementary school) because here the papers are sent to everything.

I am not going to mention to you that the language seems complicated to me because I am still in A2, It is like speaking basic English as Tarzan used to do.

What I do want to tell you is that nothing is perfect and everything is a matter of adaptation. Neither here is better than elsewhere, or worse. Things, circumstances and contexts are different. Comparisons as I have heard it many people, always bring side effects and do not let you enjoy the good things either here or in China.

90 days of roller coaster amid classes and new friends. Friends very friends, new friends not so friends, friends non-friends and friends that you did not imagine, but that end up being your BFF’s. Also if you are single, consider lovers-friends.

Anyway, like a Kafka bug, enjoy the feeling of being a strange animal on foreign ground. I was getting wrinkles from the disappointment of the cold weather in November and as the waters usually turn gray to dark in these swamps of anxiety … I felt very lonely.

So I relied on: my mobile. The stupid social media, the chats, and my medicines. There was no more time for yoga, so I set it aside. Bad decision, but between the German classes, the master and the Kafkian transformation I had no choice.

When the bug wanted to go out alone, she walked a lot following Google Maps even if it was lost. She called her husband almost daily to hear his voice and fight with him over the distance that splits both of them and wrote to her mother to tell her that she missed her. Homesickness, that was.

And that one travels on these buses with almost no traffic, but zero physical contact was killing me. People greet you miles away with a cold gesture on their faces. The peace of silence in my neighborhood without the noisy Lima atmosphere was something I needed.

To heal my nostalgia, one day I went to the cinema museum. Seeing the machines created before the Lumiere and the cinematographer relieved my soul. Knowing that we are still dreaming like children in the midst of lights and shadows gave me some encouragement to keep going.

Then it stopped being that insect with the help of these discoveries, the classes and of course my family and unconditional friends.

Master’s classes take at least 30 hours of my week. We discuss issues related to cinema and immersive theater. If you love to tell stories (storytelling), build narratives or worlds (world-building) and design spaces and experiences this program is ideal.

At first, I did not know how it had gone like this. I always wanted to study cinema when I was younger (at age 15) but then the stupid reality of making money to be happy came to me and I buried that dream in so many funeral bundles that until now it is hard for me to unwind my dead dreams.

One Monday, recently, I saw clearly what I wanted to do with the help of my teachers. I who was shying away from responsibilities and did not want to lead at all because the leaders always have to turn both cheeks, I decided to finally take the post in one of the positions of the production of our work.

After that, like which snowball everything began to fit. The insect that had the fins out half felt happier with itself, the fact of being a bug in a butterfly paradise seemed exotic and unique.

Then at 90 days, the chrysalis where it had taken refuge begins to crack. The fins come out completely at 3 in the morning when her ideas are overwhelmed and she aims to let her sleep.

These three months have coincided with the year I left the ship and the period in which I had panic attacks and anxiety during the last Christmas. If there is something wonderful about these three months, they have taught me how to deal better with myself. Gregorio Samsa got to like Gregorio Samsa.

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