In a road movie (Episodio 1: Amanecer)

In a road movie

Llevamos días de paz en casa. Hoy estamos frente al mar y vemos nacer el sol. Son las 5:00 a.m. del 30 de octubre.

Denys, Douglas y yo nunca imaginamos estar en Pernambuco mirando el amanecer. Será que nuestras travesías comenzaron en lugares totalmente distintos y, de momento, hemos coincidido en un punto de los millones de puntos que conforman el universo.

Apenas llevamos 30 días de conocernos y ya compartimos la mesa, el trabajo, la fiesta. La tensión de los primeros días tras la mudanza ha desaparecido.

Hay una gallina y una flor amarillas pintadas en casa, recuerdos de una noche. Hay  botellas de cerveza, frutas, mandalas y una TV que rara vez encendemos.

Frente al mar, reímos acordándonos de las noches pasadas. Me cuentan, cosas que no logro recordar, gracias a las pingas de cachaça de 3 reales. Borré cassette.

Entre tantas memorias, el sol nace en medio de las nubes y la lluvia. Estamos listos para volver a casa.

Tres meses después

Mi último post correspondía a fines de julio, días antes de mi partida a la ciudad de Recife. Desde aquel día, todo cambió.

La empresa de fotografía para la cual trabajaba decidió intercambiar de forma “estratégica” a dos de sus colaboradoras. Una de ellas, yo, debía dejar el estado de Ceará para mudarme a Pernambuco y trabajar en otro resort.

La verdad, estaba contenta de conocer otra ciudad de Brasil, pero al mismo tiempo sentía que ya había ganado amistades en Fortaleza, apenas me estaba acostumbrando y ya tenía que volver a hacer las maletas para partir…

El día 1 de agosto llegué a la ciudad de Recife. Esta vez no había nadie para recibirme y en la estación abordé un taxi hasta Porto de Galinhas por un monto de 160 reales (80 dólares).

El viaje a Porto me pareció eterno, esa mañana había tráfico, y yo moría de sueño. Solo quería llegar a la casa alquilada para los fotógrafos y dormir.

Durante los primeros días intenté adaptarme a la casa y al hotel donde prestábamos el servicio de fotografía. Si bien es cierto, los primeros dos meses viví con dos chicas, esta vez me tocó vivir con dos chicos. En esta primera etapa en Porto conocí a Douglas, fotógrafo de Sao Paulo y a nuestro coordinador.

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Primera casa en Porto de Galinhas.

Los primeros días intenté adaptarme al esquema de trabajo de este equipo. Lamentablemente, la escasa ocupación del hotel a inicios de agosto y algunos excesos por parte de los dueños de la empresa adelantaron mi salida.

La decisión fue sumamente dificil. Imaginen por un segundo estar en una ciudad extraña, sin amigos ni familiares, sin empleo a la vista y con su equipo fotográfico en mantenimiento…

Pero bien dicen que todo sucede por algo y que las aguas alcanzan su nivel. Durante mis primeros días de estadía Douglas me presentó a un par de amigos de origen argentino. Una pareja joven de fotógrafos que había montado un photoshop en un hotel cercano a nuestra casa.

De pronto, estando en un país lusoparlante, conocer personas que hablen tu misma lengua ya es un punto en común y motivo de reuniones y conversas. Fede y Agus se convirtieron en mis buenos amigos. Luego de mi renuncia ellos me ofrecieron hospedaje en su casa y finalmente me ayudaron empleándome como parte de Nossa Fotografía, todo eso mientras yo resolvía si quedarme en Brasil o volver a Perú.

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Agus
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Fede

A finales de agosto, después de varias semanas de reflexión,  decidí quedarme en Pernambuco para continuar mi aventura en Brasil.

Agus y yo de paseo en Pipa
Agus y yo de paseo en Pipa

Hoy escribo desde la pequeña casa que compartimos mi colega, Douglas y yo en el pueblo de Maracaípe. Exactamente 3 meses después del post anterior. Vivimos a unos metros de una playa hermosa. Mucho surf, arena, sol.

La vida diaria transcurre entre fotografías, marecilla, humedad, limpiacontactos, libros, revistas, algunas latas de cerveza y conversaciones triviales al anochecer. Están los amigos cercanos que nos acompañan, estamos nosotros. La convivencia tiene sus ratos rosa, sus ratos de tedio. Es aprendizaje tras aprendizaje.

Hoy vimos la lluvia y luego compartimos canciones de nuestra infancia. Escenas de un road movie ‘sudaca’ (a mucha honra): un paulista, un santacatarinense y una limeña en una sala, luz tenue y lavada por el humo del tabaco… es sábado a la noche.

Primer mes de aventuras

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Aquí en el nordeste de Brasil el viento sopla, silba, habla… ruge. Durante mis primeras mañanas me he dedicado a observar el cielo con detenimiento. Aquí hay colores, hay nubes, profundidad… luz.

La relación hombre -naturaleza es más intensa. Las fotógrafas nos levantamos pidiendo luz y calma para el día. Es como rezar para que llueva solo de noche y de esa forma entregarle al universo hasta tu último disparo.

“Sin luz no existe imagen, no existe foto.” Bajo esa premisa convivimos Lola, Nicole y yo. Las tres fotógrafas que compartimos el piso conocido como “A casa das meninas”.

La rutina de cada día es despertar, desayunar y partir al trabajo con una sonrisa.

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Las meninas trabajamos juntas en un resort de Cumbuco, a 20 minutos de casa. Allí transcurre nuestro día: Ocho horas dedicadas a retratar personas, a captar el momento más feliz de su viaje. Suena divertido, pero también es sacrificado.

Al cumplir el primer mes quisiera escribir sobre los primeros amigos, el primer moretón, el transporte, el habla portuguesa, el tiempo cearense, Lola, Nicole… en fin, muchas cosas para un solo post.

Por lo pronto ya tenemos historias y personajes nuevos asomando entrelíneas.

Beijos!