La chica del Boleto Rojo

Llevo días con este texto en mi mente. En medio de cambios y de horarios locos, quería sentir por un momento que el tiempo era absolutamente mío para escribir.

De pronto pienso en este, mi blog de viajera, y me entra una melancolía de estar en la ruta, en trance, de ser la pasajera sentada en el avión bebiendo más vino para conciliar el sueño. Pienso en esa viajera y se me viene a la cabeza la estudiante hippie que solía ser.

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Oh, por Dios. Este era mi styling habitual. Sin embargo, recuerdo esta foto con mucho cariño. El lugar era el quinto piso de la Facultad de CC.CC. de la USMP. Un rincón con muchas historias.

Durante mi época universitaria tuve tantos estilos como pueden imaginar. Llevaba unos anteojos resbaladizos y no estaba muy segura de lo que quería. En clases hice amigos valiosos que hasta hoy frecuento y con otros tuve mucha suerte de encontrarme años después.

Es gracioso como vienen estas memorias. Están las aulas, los profesores, los alumnos… Tenía un listado de cursos no favoritos y entre ellos estaban la materias relacionas a PR, marketing y publicidad. Creo que a mi espíritu soñador le costaba pensar en resultados, en términos concretos.

Les cuento que me hace gracia porque en aquellos tiempos solo tenía en mente caminar entre redacciones de noticias. Llegaba muy temprano a mis primeras prácticas en un diario local y con la edición impresa en las manos había que transferir los contenidos a una incipiente versión digital (2006).

Esa imagen de Woodward y Bernstein en una oficina conversando con un café en las manos, esa era mi idea de comunicaciones de aquel entonces.

Como jugando, creé un blog en el 2006. Mi primera bitácora llamada Boleto Rojo tuvo un rincón dentro del viejo blogger.com (luego migró a wordpress) .

Aunque nadie entendía bien de que iban estos nuevos espacios virtuales, muchos solo queríamos estar ahí. Se crearon así, millones de blogs y entre esos mi pequeño diario que solo comenzó como una compilación de poemas, fotos y testimonios personales.

Debo confesar que todo fue a causa de un amor platónico que me motivó a escribir, diseñar y aprender un poquito de lenguaje html para modificar los templates que hoy son sumamente amigables en comparación a lo que eran en ese tiempo.

Un día esos poemas se convirtieron en textos de películas. No de crítica cinematográfica como las de “Páginas del diario de Satán” o los artículos de “Cinencuentro” (soy muy fan de ambos), pero eran unas notas surrealistas sobre las películas que me conmovían o por bellas o por raras.

Fue así como colaboré con un blog para la web de RPP al año siguiente, cuando ya los medios empezaban a construir sus granjas de blogs y a buscar escritores o ciudadanos que pudieran contar buenas historias. Ya hablábamos de bloggers, de usuarios, de comentarios llenando las bandejas de entrada de blogger o wordpress. A los que había que contestarles para bien o para mal. Ya administrábamos una comunidad.

Fue de esa forma que hice amigos y contactos. Los blogs nos habían presentado y Facebook y Twitter ya nos conectaban más.

Durante toda la carrera en la universidad, el tema digital fue casi inexistente, pero fue gracias a mi estancia en medios que mi espíritu se había adaptado a un nuevo molde.

Aquella versión analógica de todos nosotros empezó a morir. De pronto se hizo común comprar kindles, descargar torrents de música y películas. Dejamos el film y fuimos por los píxeles (antes de ser hipsters o nostálgicos).

Estuvimos ahí. El Social Networking se hacía más indispensable y fue así que cambié de compañía. Luego de 5 años en una radio/web/tv llamada RPP en donde aprendí temas de convergencia y multiplataformas, decidí dejar la sala de noticias por un puesto que casi nadie podía definir.

El Community Management era una posición relativamente nueva en las empresas (2012). Este puesto era tan nuevo que los ejecutivos no sabían qué lugar darle o bajo que gerencia colocarnos. Todos aprendíamos sobre la ruta, por primera vez existía una forma de escuchar a las audiencias online, a  cientos, miles, millones de fans que esta vez tenían voz y voto en la red.

Me parece curioso que de aquella experiencia hayan pasado 5 años y aún tengamos empresas que anuncian búsquedas de talentos recién salidos de la universidad o con poca experiencia para puestos de CM. Y peor aún que hoy en día haya caza talentos que solicitan que el CM sea diseñador/desarrollador con salarios para desmayarse. Las ofertas no pasan los 1000 soles en muchos casos por un puesto de tiempo completo.

Mi humilde posición como desempleada (octubre-noviembre del 2016) me permitió observar parte de ese panorama. Sin embargo, hay que aclarar que eso ocurre solo con algunos a los que les falta cambiar el chip (que espero suceda pronto por el bien del mercado laboral). Hay también empresas con nuevos enfoques, que intentan, liderar el cambio y apoderarse de nuevos métodos que busquen ganar la confianza de la gente.

 

Una breve pausa comercial
Hacer un break en la vida no es nada fácil. Sea cual sea el motivo de tu pausa estás en lo correcto si es lo que deseas, si te hace bien y te sientes libre.

Recorrí parte de este maravilloso mundo sola y luego al lado de mi esposo (con quien incluso fundamos nuestra propia empresa de fotografía “Mare and Sara”). Estuvimos con el equipaje listo yendo de un lugar a otro. Esa vida gitanilla motivó la creación de este ,mi segundo blog, “Diario Gitano” con el que buscaba compartir experiencias de viajera.

Estuve en tierra, en Brasil por un año y luego otros dos en altamar laborando en un crucero.

A veces he visto caras extrañas al mencionar mi experiencia en el barco y es algo muy sencillo. Allí aprendí muchísimas cosas, entre ellas a ser sumamente puntual por respeto a los demás. Es como una regla de oro llegar 20 minutos antes de cada reunión.

Otra lección es que la actitud  también es una prenda que hay que llevar a cada batalla. Tienes que pensar positivamente para obtener resultados y, si fallas, aprendes. Y la última y más importante de todas, es que te debes a la gente. Estés en el puesto que estés, eres un ser social (no viniste del espacio), debemos intentar ser amables, educados y escuchar a nuestros clientes, valorarlos. Quizás no tengas un negocio, quizás seas un maestro, tus alumnos son tus clientes, sus padres también, puedes aprender de todos ellos, hasta de los más difíciles.

Todas esas enseñanzas me  son de ayuda en la vida en tierra, en la vida real.

Busqué chamba durante dos meses aproximadamente. Esta debe haber sido la etapa más larga de desempleo que he tenido. Durante 60 días tuve mil y un dudas, acudía a entrevistas con mente positiva, pero nerviosa porque esta vez mi situación era diferente. Tener una familia te hace sentir un compromiso mucho mayor en la búsqueda de empleo. Sientes una necesidad de “no puedo fallar” única.

Esa sensación, que recuerdo claramente, es también parte de la razón de este texto. Quiero escucharlos, leerlos y aunque sé que me he extendido mucho en este post, quiero que sepan que contemplo este post como el inicio de una nueva etapa para “Diario Gitano”.

Desde aquellas anécdotas 2.0 que les conté en las primeras líneas, han transcurrido 10 años de experiencia de vida personal y laboral que son la base del aprendizaje de hoy.

Por ello, estoy muy agradecida por la oportunidad de unirme a un equipo feeling como es el de “Café Taipá”. Y lo digo, no por ser colaboradora del equipo, sino porque viviendo la cultura del Café uno se siente feliz de salir a chambear, y creo de eso se trata todo, de vivir para ser feliz.

La chiquilla del Boleto Rojo que pegaba las noticias en el archivo de la universidad, sigue madurando bajo la misma esencia, pero a diferencia de hace una década, va sin miedo y sin mirar atrás.

El viaje 280

 

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Foto: Marko Stojkovic. (Lahaina, Maui – Hawaii)

Después de una larga temporada en Alaska, las nubes abrieron paso al sol radiante de Hawaii. Nuevamente estábamos envueltos por el clima cálido y un olor salino, diferente al olor del mar de los glaciares.

En este itinerario el barco se reubica, la meta es dejar la costa norte del Pacífico por las inexploradas islas de la Polinesia Francesa. El viaje 280 comenzó en Honolulu.

Es el viaje en el que conocimos a los papás de Diego que vinieron desde Rosario, el viaje del Jack y del Fernet, era verano otra vez, hasta para los novios de una noche…

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Junto a Gra y Ricardo. Foto: Rajiv Ramputty.

Hay muchas razones por las que recuerdo este crucero con mucho afecto. Uno de esos motivos son Ricardo y Graciela, los papás de Diego.

Desde el primer día los sentimos como parte del phototeam, nos visitaban casi a diario en la galería y caminaban entre los estudios para saludar a los muchachos.

Al inicio, nos los encontrábamos en los puertos de casualidad, caminando entre las tiendas, pero luego resolvimos salir juntos, almorzar, disfrutar de la playa, nadar, tomar sol… y era como estar en familia, de vacaciones, conversar con tus viejos y que te cuenten algo, lo que sea. Después de tantos meses rodeados de caras y lenguas extrañas, Marko y yo nos sentíamos como en casa.

Nuestro verano de 18 días

Digamos, que después de las ajetreadas jornadas en Alaska este era un break… Un descanso que nos daba tiempo de conocer nuevos amigos y descubrir nuevos lugares.

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Foto: Marko Stojkovic. (Lahaina, Maui – Hawaii)

Hicimos tres paradas en Hawaii: Hilo, Honolulu y Lahaina. De estos 3 puertos, el que más disfruté fue Honolulu.

Honolulu es una ciudad cosmopolita. A 15 minutos de la terminal está Waikiki Beach, una playa ideal para caminar y disfrutar del clima y de una cena al atardecer. Este es el corazón comercial de Honolulu, la playa está rodeada de pubs y restaurantes cinco estrellas y la avenida principal llena de tiendas de diseñadores famosos.

Luego vinieron los días de mar y llegaron algunas noticias. Dos miembros del equipo abandonaban el barco por diferentes motivos. Uno de ellos volvía a casa a cuidar de su padre y el otro sería transferido a un nuevo barco.

Noticias que te toman por sorpresa, pero que finalmente, te hacen celebrar sobre la oportunidad de conocer gente.

Tuvimos fiestas, banquetes, cenas románticas y hasta enamoramientos fugaces…

El crucero del amor

Un día D y J decidieron escaparse de nosotros. En realidad, los ayudamos a huir del murmullo y de los rumores del grupo.
Sin embargo y como algunos esperábamos´, todo fue estrella de una noche. J era demasiado tímida y D muy despistado (desastrosamente despistado), aunque a veces es mejor hacerse el perdido para evitarse novelas.

En medio de nuestra rutina como equipo percibimos que en una realidad paralela J había desarrollado un drama alrededor de su noche con D y andaba esparciendo rumores ante sus amigos diciendo que D era su “crush” (choque y fuga en castellano peruano).

Les cuento esto porque pese a que somos adultos, a veces el ambiente en el barco es como el de un colegio. Ya saben, algo así como un pueblo chico…

Normalmente el fin de las novelas es la separación. Las relaciones fracasan a los días o meses, continuar una vida en común a bordo es 10 000 veces más jodido que en tierra firme. Hay que ajustar vacaciones, destinos, presupuesto y no todos estamos dispuestos a hacerlo.

Isla de ensueño

Ya casi al final del viaje, llegamos a la Isla Bora Bora. Uno de los destinos más bellos que hemos visitado. El clima es cálido, las aguas transparentes, peces, erizos y pulpos nadan junto a los bañistas. No hay olas, el mar es una pecera encantada.

Tanto paraíso nos ayudó a olvidar las restricciones y los días de trabajo. Creo que hasta olvidábamos que nuestros amigos Ricardo y Graciela nos dejarían en Sydney. Los últimos días pasaron tan rápido que, de pronto, los estábamos despidiendo. Una sensación de tristeza y alegría, esa sensación que ya conoces muy bien alma viajera.

 

 

 

 

Tu familia en altamar

Una vez dentro del barco, la vida te cambia por muchos motivos. Uno de ellos es vivir aparte de tu familia y de tus amigos. Dejar la comodidad de lo conocido y enfrentar una temporada dedicada solo al trabajo y a las metas personales que te hayas trazado.

La mayoría de tripulantes viene a trabajar al crucero en busca de una recompensa salarial que les es imposible alcanzar en tierra firme.

Al llegar por primera vez, estás perdido. No sabes quién es quién, intentas ser amigable, pero con el tiempo aprendes que no pues confiar en todos los que te sonríen. El barco es un pueblo chico.

Como fotógrafo compartes tiempo y espacio con un equipo y, dependiendo de tu suerte, puedes construir amistades valiosas y sinceras.

Este año tuve la fortuna de encontrar amigos del contrato anterior. Gente que no pensé volver a ver, pero que al encontrarlos me llené de emoción.

Considerando que todos venimos de diferentes países, todos hablamos inglés para entendernos. Cada cual con sus miles de defectos y virtudes llega a ser un personaje en la vida del phototeam.

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Mi familia en altamar son ellos. Doce personas de nacionalidades y personalidades diferentes.

Está Rich (Sudáfrica. Vestido de gris en la esquina izquierda), nuestro manager principal, muy divertido y al mismo tiempo profesional. Es de los pocos BM que genera confianza.

Majo (India. Esquina izquierda de la tercera fila), nuestro supervisor de ventas. Personaje total, bromista, pero siempre enfocado en los negocios.

Brian (India. Boquiabierto en el centro de la foto), nuestro actual manager de producción. Divertido y relajado.

Dan (Filipinas. Esquina izquierda), fotógrafo de producción, asistente de Brian. En su primer contrato consiguió ser promovido dos veces gracias a su trabajo constante.

Eric (Filipinas. Lado derecho, detrás de mi), foto 2, muy loco y bromista. Nos pasabamos el tiempo haciendo chistes de doble sentido.

Janelyn (Filipinas. Primera fila, al lado de Rich), foto 3, la más pequeña del grupo y una de las más empeñosas.

Hans (Islas Mauricio. Junto a Brian en medio de la foto), foto 2, muy tranquilo y muy trabajador. Su primera experiencia al llegar a bordo fue permanecer en cuarentena por 10 días debido a una tardía varicela.

Rajiv (Islas Mauricio. Lado derecho, segunda fila), foto 2, personaje, casi siempre en problemas. Dueño de su propia empresa decidió dejar todo en casa para viajar y trabajar en un crucero.

Diego (Argentina. Detrás de Eric, en la última fila), foto 2, el distraído del grupo, aún no sabemos cómo es que llegó al barco.

Juliana (Argentina. A mi lado), foto 2, graciosa y temperamental, es una de las amigas más cercanas que tengo. Ama los animales, sobre todo los gatos.

Marko (Serbia. Junto a Diego, en la esquina derecha), videasta. Mi mejor compañero desde hace más de un año. Ama la fotografía de naturaleza y de bodas.

Para la mayor parte de los fotógrafos este es su primer contrato, por lo que volverán a casa a fines del 2015 o inicios del 2016.

Hogar dulce hogar

No todo es color de rosa para los fotógrafos. La vida en el barco es rutinaria y además muy competitiva.

Meses atrás, cada fotógrafo recibía una comisión personal por sus ventas, y esto ocasionaba algunos malentendidos en el equipo.

La barrera de lo personal y lo laboral es tan delgada que muchas veces se confunde. Muchos de nosotros compartimos la cabina o los baños y es muy incómodo lidiar con un compañero con el que has tenido incidentes en el trabajo.

Hay de los roomates tranquilos que solo buscan llegar a la cabina para descansar, hay de los que nunca están y de los que hacen fiesta en la cabina después del trabajo.

En el barco tienes el privilego de poder convivir. Si llevas una relación estable puedes hacer los trámites necesarios y compartir la cabina con tu pareja.

Marko y yo vivimos en un cuarto muy pequeño con una cama de media plaza que va pegada a la pared y un minibaño en el que el inodoro está junto a la ducha.

Aunque la vida en el barco no es perfecta, tener una familia a bordo hace la vida más llevadera. Me gusta pensar que por alguna razón, llegamos a un espacio en un tiempo determinado para conocer a otros, para conocernos a nosotros mismos, a través del otro.