Vacaciones en Serbia (Parte 2)

Los primeros días en Serbia pasaron súper rápido. Ni siquiera me dio tiempo de desempacar. Había que conocer a la familia y a los amigos.

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Árboles de Pozarevac.

Mi primera impresión de Serbia fue que se vive en una especie de otoño eterno. En febrero era pleno invierno, pero el sol salía y los árboles estaban desnudos, todas las hojas secas sobre el suelo formaban infinitas alfombras de nostalgia. Seguir leyendo “Vacaciones en Serbia (Parte 2)”

Correspondencias – Lima

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10 de febrero
Maestro, estoy en Lima y me siento perdida. Vuelvo a mirar todo, pero no consigo ver nada. Es como no reconocerme en mi propia ciudad. Mientras te escribo, doy algunos pasos. No pienso en el destino. Me encierro, a lo mejor estoy caminando en círculos invisibles que soy incapaz de percibir.
Pasan los días, las semanas…

 

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10 de marzo
Falta un día para mi cumpleaños 28. Todo me marea. El tedio continúa, aunque disminuído. Abro las ventanas e intento ver poesía en aquellos pájaros. Pienso en Jorge Eduardo y en su manera de tangibilizar sus sensaciones en nudos, pinturas, esculturas, cuerpos humanos y poesías… digo, Maestro, yo también quisiera aterrizar todas estas sensaciones, pero soy incapaz de hallarles forma…

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Abril
Semanas de encierro. Apenas he salido a disparar unas cuantas veces y visto a pocos amigos. Sigo intentando ver poesía en el cielo. Las ausencias han dejado de pasear por mi cabeza. Esta es una ciudad cualquiera. 9 millones y aún así, es pequeña. Duermo, duermo mucho. La soledad, pienso, es un estado natural. Clic.

Veo el cielo del atardecer y pienso, a qué hora me toca el vuelo. Estoy ansiosa, pero bien dicen que de las mentes ansiosas no brota nada. Decido romper el aislamiento.

Siento la humedad de Lima. Los poros se abren, mi frente brilla bajo el sol, veo los autos en filas enormes, la gente caminando, el centro de siempre, alborotado. Senoras corriendo con bolsas, las mamis vendiendo cosas en cualquier esquina, los borrachitos durmiendo despeinados, las combis, los edificios más grises, la música limeña, banda sonora de claxons, mentadas de madre, jaladores y Corazón Serrano que está de moda.

Entonces, me subo a un micro a ser parte de todo esto. Llego a Quilca y camino algo apurada hacia un lugar donde te voy a conocer.

Días, noches, poesías, fiestas, libros… Quilca, Luchito, Vichama, paseos, mercados, fotos, mar… atardeceres grises, neblinas, Barranco, Chorrillos, San Juan. Es como intentar ganarle al tiempo…

Mayo

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Maestro, quisiera grabar siempre las cosas simples. El cine está hecho de cosas simples. Pero por algún motivo, por ahora solo me dedico a congelarlas. Fotografío porque las detengo en el tiempo, el momento de la imagen fija no se repetirá jamás. Quizás, algún día pueda hablarle que llegué a la etapa del movimiento. Supongo que estamos llegando. Ya que por más que quiera, esta vez, tampoco podré detenerlo. La vida es cine, la fotografía es el recuerdo.

 

Saludos,

S.

Júlia y yo

Tengo una hermana. Vive en Lima y aunque moramos juntas unos 23 años, nuestra relación siempre fue algo distante. Ella, menor que yo, era más engreída, sociable, amiguera y astuta. Yo, era una especie de damita sabelotodo incapaz de ensuciarse, brincar y embarrarse como ella lo hacía.

Cuando me di cuenta, mi “hermanita”, ya era mamá y nuestras vidas eran totalmente distintas. Al dejar Lima, fui consciente de que apenas había hablado con ella durante los últimos meses.

Lo más extrano es que no estaba al tanto de esta dejadez, hasta que conocí a Júlia.

Júlia es la nena a la que vine a fotografiar al Distrito Federal. Llegué poco antes de su fiesta de cumpleaños.

Los primeros días apenas conversábamos. Me observaba todo el tiempo, yo era un pequeño ser extraño con una cámara. Me imagino en su mente de niña como una especie de bicho paparazzi…

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—Es como tener una misión a lo James Bond. Eres tú y tu cámara detrás de un humanito que nunca está quieto, que corre, salta, se ensucia, llora y si quiere se niega a la foto (y cuando eso sucede no te queda otra que esperar).—

Los días pasan y me doy cuenta de que nuestra relación va más allá de fotógrafa y “cliente”. Paseamos, jugamos, leemos, nos aburrimos, y, como es natural, también peleamos.

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Es como esas películas donde las protagonistas son nanas y se hacen amigas de las nenas a las que cuidan. Pues algo así. Tu vida es como la de una hermana mayor y de pronto hay momentos en los que sientes que tienes 10 y otros en los que inevitablemente caes en la cuenta de que llevas casi 30. (Fotograma de Uptown girls.)

Estos son los últimos dibujos que ella me regaló:

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Moro no Brasil

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Llevo seis meses de aventura y cada día es más emocionante que el anterior.  A mi regreso de Goiás, se me ocurrió escribir sobre la aventura de viajar y fotografiar. Algunos amigos ya me preguntaron sobre cómo hago para continuar el viaje sin tener muchos ahorros o recibir salario fijo.

‘FLASHBACK’
En post anteriores (Leer: “Tres meses después”) conté que llegué a Brasil como fotógrafa. Tenía una maleta llena de sueños, mi equipo Canon y unos 400 dólares.

En enero de 2013 fui convocada por una empresa llamada Photoventura para integrar su equipo en Costa Rica.  Mi viaje fue programado para el día 22 de febrero a las 11 horas.

El día 21 de febrero y com la maleta lista, mis futuros jefes cancelaron el viaje por un visado que yo precisaba para viajar a Costa Rica. Me indicaron que debía tramitar la visa americana lo antes posible.

Mi cita en la embajada americana no tuvo éxito. Había tirado 162 dólares al tacho.

Sin trabajo y sin visa, decidí volver a casa. Estaba triste, pero tenía que hacer algo. Al día siguiente fui citada por la Revista Velaverde para ser la nueva gestora de contenidos digitales.

Aunque estaba contenta, la idea de migrar no salía de mi cabeza. Entonces apareció una convocatoria para fotógrafos vía Facebook de una empresa desconocida con sede en Portugal.

Conseguí ser aceptada por los directores de Pictures in Motion  y a fines de mayo renuncié a mi cargo en la revista para viajar a Fortaleza, ciudad ubicada en el estado de Ceará, al nordeste de Brasil.

PRIMERA ETAPA

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Aquí mientras estaba fotografiando en la Playa de Cumbuco (Ceará). Junio 2013.

Durante los dos primeros meses viví con dos colegas de Sao Paulo y mi trabajo era fotografiar a las familias que se hospedaban en el hotel. Ello me distanciaba un poco de la realidad cultural que me apetecía conocer, pero me ayudaba a ganar experiencia y contactos.

El sueldo como fotógrafa en este tipo de agencias depende de la cantidad de fotos vendidas y la cantidad de fotos vendidas depende de la cantidad de fotos capturadas y este número depende de una variable importante: CARISMA.

Quien tiene carisma logra ganarse a los clientes. Cuando lograba arrancarle una sonrisa a la gente, el trabajo se me hacía más leve y las horas pasaban má rápido.

El horario es matador. El fotógrafo de resorts tiene un horario que oscila entre las 9:00 a.m. hasta las 17:00 horas. (horario solar). Se descansa un día por semana y el sueldo no es fijo (en algunas empresas sí otorgan fijo) depende del volumen de las imágenes que logren ser vendidas. Normalmente el fotógrafo obtiene solo el 15% del total de sus ventas (esto en promedio. Hay empresas que solo pagan el 10%, otras que otorgan 20%).

Digamos que en un buen día, um fotógrafo logra hacer muchas fotos y en su carpeta al final del día quedan unas 250 fotos editadas (Yo solía tener um margen de 150 por la manana y otras 50 a 100 por la tarde).

En mi primer hotel, cada fotografía era vendida a 20 reales. Es decir unos 9 dólares.  En el segundo, el precio bajaba a 15 por cada.

MAL TIEMPO

La temporada de agosto y setiembre fue durísima. Había sido trasladada a Pernambuco y durante la primera semana mi equipo se mojó en la piscina, mi lap top sufrió un accidente, la batería de mi 60d se malogró y entre ontras cosas, estaba al borde de la locura.

Para setiembre mudé de empresa y conseguí un puesto como fotógrafa en Nossa Fotografía en el Hotel Marupiara. Mi jefe y amigo, Fede me prestó su Nikon D90 para poder continuar.

Adaptarme a Nikon fue cuestión de días. Empecé a trabajar con una lente 35 mm. que me permitía obtener mejores resultados en los retratos de las sesiones. Sobre todo para el atardecer, que en Porto de Galinhas ocurre entre las 3:30 y las 4:00 p.m.

Los ahorros terminaron por esfumarse y logré hacerme de un alquiler durante los meses de octubre y noviembre.

El porcentaje de las ventas esta vez era de 25%, sin embargo, el precio de mis fotografías bordeaban los 8 reales (poco menos de 4 dólares cada) en promedio.

Para quienes quieran saber el estimado de un alquiler de um departamento o casa em Porto de Galinhas, los precios en temporada alta van desde los 1000 reales (480 dólares) hasta los 3000 (o más).

MARACAÍPE
Me uní con un colega para compartir gastos. Douglas y yo lquilamos un pequeño departamento en Maracaípe, una playa cercana, por 600 reales (280 dólares). Era un espacio sencillo con dos cuartos y amoblado con cocina, refrigeradora y ventiladores.

La vida en Porto de Galinhas es muy cara. Tuvimos días en los que optabamos por reservar nuestros últimos reales para las emergencias y cenabamos sopas instantáneas o cualquier cosa que engañara el estómago.

A cambio tuvimos días llenos de sol y playa, noches de luna llena cantando sambas desconocidas o inventadas por nuestro amigo francés Gabriel. Solo un pandero y una botella de cachaça comenzaban la fiesta en casa.

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Denys y Douglas
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Toda la galera en casa!

GOLPES DE SUERTE

En medio del mal tiempo y las arduas jornadas, tuve la suerte de conocer a un fotógrafo com más anos de experiencia, un freelance de São Paulo que viaja por el mundo dedicado a la fotografía de resorts.

J y yo salimos durante algunas noches.  El día que nos despedimos, me dijo que yo precisaba aventurarme en la gran ciudad. Que debía dejar Porto e ir en busca del mundo.

J y yo!
J y yo!

Un día de tantos a fines de octubre. Uno cualquiera, abri mi bandeja de mensajes. Una de las familias que había fotografíado en el Hotel Marupiara estaba encantada com las fotografías que habíamos hecho. Como ellos sabían de mi ilusión por viajar, me propusieron acabar el book de la familia en Brasilia.

Entonces, acepté. La primera semana de diciembre dejé el calor de Maracaípe y las playas de Porto para llegar al espesor verde de Brasilia.

REFLEXIONES

Días antes de dejar Pernambuco, pude ver nuevamente el documental de Mika KaurismakiMoro no Brasil”. Reconocí Caruarú y Pernambuco. Aquella safona nordestina que suena dando vida al forró. Reconocí el Carnaval de Olinda. Las calles en las que bebí Axé, sudé y besé hasta el infinito.

Ahora, acabo de llegar de Goiás He empezado a deshacer la maleta.

Cuando estaba camino a Brasilia, miraba por la ventana del auto y me preguntaba cuál sería mi próximo destino.

Disparaba a los árboles, adivinando a dónde me puede llevar toda esta exploración… Porque es mi cámara la que me lleva a todos lados. Es ella mi pasaporte, mi visa y mi nave.

BONUS TRACK: Moro no Brasil -Farofa Carioca:

In a road movie (Episodio 3: La despedida)

Vida gitana, aquí estamos empacando de nuevo. Acabamos de despertar.

Son casi las 5 de la manana y logramos dormir sin esfuerzo, de puro cansancio y placer de estar juntos.

Estoy nerviosa, no sé lo que me espera en la capital. Intento imaginarme  Brasilia como la ciudad de Los Supersónicos, bromeo conmigo misma, tengo miedo.

El sol resplandece sobre nosotros. Me despido de Douglas y Denys, mis compañeros de piso, mis amigos y mis hermanos. Los abrazo y espero tener la suerte de encontrarlos pronto.

Mientras te peinas, decido tomarme una foto con Machu Picchu. Lo abrazo, le digo que lo quiero. Estamos listos.

Junto a Machu Picchu

Abordamos el taxi hasta la primera parada del bus. Miro el cielo, te miro, nos besamos. Cierro los ojos y veo ese color rojizo de la luz a través de los párpados y las sombras de los coqueros se disuelven, el olor del mar, tu perfume, la arena…

Estamos de la mano dentro del bus. En silencio, cerramos los ojos para intentar dormir. Pero intentar dormir es igual a abrir la puerta por donde entran los recuerdos.

Se apagan las luces y comienza la proyección del filme. Nos veo riendo en la orilla de la playa. Vamos caminando hasta el puntal de Maracaípe con una botella de vino en las manos.

Conversamos, reímos, el mar corre hacia nosotros… el cielo iluminado por miles de estrellas, el puntal hermoso y desierto. Solo las sombras del follaje se dibujan por encima de las  dunas y el mar.

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Puntal de Maracaípe

Río y mar se encuentran, desnudos observan las estrellas fugaces, hacen el amor, piden deseos.

Aunque en ninguna película perfecta podría faltar un testigo: un pescador solitario estaba cerca alumbrando su camino con una literna. Interrumpidos, mar y río maldicen al hombre que, asustado, acelera el paso en dirección contraria. Se aleja hasta perderse del otro lado de la orilla.

Nadamos. Pedimos más deseos, formamos constelaciones.

La voz del cobrador del bus nos despierta. Estamos llegando y es hora de despedirse. Quise darte algo y se me ocurrió dibujarte un boleto de avión. Miras el destino y la fecha. Sonreímos. Nos besamos. Te pierdo camino al aeropuerto. Esta vez debo continuar mi viaje.