Primer mes de aventuras

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Aquí en el nordeste de Brasil el viento sopla, silba, habla… ruge. Durante mis primeras mañanas me he dedicado a observar el cielo con detenimiento. Aquí hay colores, hay nubes, profundidad… luz.

La relación hombre -naturaleza es más intensa. Las fotógrafas nos levantamos pidiendo luz y calma para el día. Es como rezar para que llueva solo de noche y de esa forma entregarle al universo hasta tu último disparo.

“Sin luz no existe imagen, no existe foto.” Bajo esa premisa convivimos Lola, Nicole y yo. Las tres fotógrafas que compartimos el piso conocido como “A casa das meninas”.

La rutina de cada día es despertar, desayunar y partir al trabajo con una sonrisa.

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Las meninas trabajamos juntas en un resort de Cumbuco, a 20 minutos de casa. Allí transcurre nuestro día: Ocho horas dedicadas a retratar personas, a captar el momento más feliz de su viaje. Suena divertido, pero también es sacrificado.

Al cumplir el primer mes quisiera escribir sobre los primeros amigos, el primer moretón, el transporte, el habla portuguesa, el tiempo cearense, Lola, Nicole… en fin, muchas cosas para un solo post.

Por lo pronto ya tenemos historias y personajes nuevos asomando entrelíneas.

Beijos!

Segundo capítulo: Llegada y vida nueva

Después de 15 horas de viaje, llegué finalmente a Icaraí (mi primera parada fue Sao Paulo, ciudad en la que hice una escala de 7 horas para luego abordar el avión a Fortaleza, distrito ubicado a 30 minutos de Icaraí).

He llegado a la casa de unas colegas fotógrafas con las que trabajaré en un resort en el distrito de Cumbuco, a 20 minutos de nuestro condominio.

Durante los primeros días me asombran: el clima tropical, la gente, la comida, el transporte público y la ausencia de tráfico. Aquí hay cero tráfico, pocos taxis, y algunos buses que pasan cada 15 o 20 minutos y que solo se detienen en sus paraderos oficiales.

2013-06-11-13-41-50(Nuestra casa)

2013-06-15-09-42-49(Bus de Icaraí a Cumbuco)

Las primeras horas en Icaraí son de descanso: un breve paseo en taxi (ojo, aquí hat taxímetro y movilizarse por esta vía es sumamente caro. Una carrera de Icaraí al centro de Fortaleza puede costar un aproximado de 30 a 40 dólares), almuerzo en el “shopping” de Fortaleza, bufet de sushi, jugo de uva y a dormir.

Mis colegas se llaman Lola y Nicole, las tres estamos aquí en con una historia particular. Ellas dejaron Sao Paulo. Cada una vino a Ceará por una apuesta distinta. Aquí empezamos nuestra ruta. Apenas hemos llegado y la aventura recién comienza.

Capítulo 1: La partida.

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Esta fotografía la capturé a fines de marzo. Cuando la tomé me sentía perdida, estaba en Lima, pero perdida en mi propia ciudad. Hace muchos años caminaba con la sensación de estar desconectada de mi lugar y pensaba que era culpa de Lima.

Con los años, experimenté una especie de “giro” que hizo que me enamorara de este gris, del olor, del sabor, del color de las calles.

Vivir en una ciudad con 9 millones de habitantes es complejo, pero conozco mucha gente que vive en una ciudad y la desconoce por completo. Yo me siento feliz de haber encontrado pequeños “paraísos” en la mayoría de distritos de la capital.

Durante estos últimos años, para ser precisos desde inicios de 2011 hasta la fecha, me he mudado un aproximado de 8 u 9 veces. He vivido sola, convivido y compartido pisos con algunos amigos. Quizás, por esa sensación de ‘nomadeo’, de inestabilidad absoluta y andar cargando trastres cada dos por tres, es que decidí llamar a este blog como Diario Gitano.

Con más razón, ahora que parto de Lima a Sao Paulo. Me voy, pero la sensación respecto a Lima ha cambiado con los años. Siento que dejo un pedazo de tierra, que me ha sido difícil de amar y comprender (y a veces aún me pasa), pero me siento parte de ella, de su locura, de su gente, de su tráfico intenso y brutal…

Imposible no pensar en la familia y en los amigos. Falta poco para mi embarque y mi mente proyecta breves ráfagas de imágenes de los últimos meses. Están las cenas con los amigos, las reuniones familiares, los dientes de leche de mi sobrino, el nuevo color de pelo, la depresión, los libros nuevos, los ideales de ayer hoy y siempre, las frustraciones, los sueños, los bailes, las madrugadas, las lecturas feministas, las reuniones del festival de cine, la comida de mamá, los encuentros, los desencuentros, tú, yo, nosotros, el beso de despedida en la estación central.

Hasta pronto Lima 🙂

—>Si estás de venida: En Lima están pasando muchas cosas: hay gente moviendo el tema de cultura comunitaria, teatros en las calles, festivales de danza, talleres de cine, cine itinerante, músicos emprendedores buscando espacio (con ayuda y sin ayuda de las grandes industrias), promoción del consumo responsable de productos orgánicos, redes de periodistas, colectivos fotográficos…

Siempre hay algo que hacer y por colaborar  o desarrollar. A los que quieran venir, pues tienen una ciudad compleja, pero emocionante. Les recomendaría estar abiertos a nuevas formas de vivir su estadía saliéndose de lo que está establecido como “turístico”. Lima no es un cliché, no es un bar y cuatro calles.