Odiseas Familiares en una caja de zapatos

Desde hace cinco años llevo buscándome fuera de este país. He viajado y migrado por avión, por bus, por tren. He vivido sola, con amigas, con desconocid@s, con gatos…

Y no ha sido sino hasta esta semana en Lima durante el taller Odiseas Familiares” del escritor y periodista Marco Avilés que fui consciente de que mi exploración me había llevado a todas partes y a ninguna.

A la mañana siguiente de haber escuchado las historias de migrantes e hijos de migrantes mi cabeza seguía procesando sus testimonios. Sus voces seguían sonando con fuerza en mi mente. De pronto me escuchaba a mí misma perdida y quise saber quién soy.

Aprovechando mi estadía en Lima, mi ciudad de nacimiento, fui encontrando tesoros familiares escondidos en cajas de zapatos. Memorias de hasta 4 generaciones pasadas en cajas de cartón que, felizmente, ni la humedad ni el tiempo han borrado.

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Familia Huamán Berren
Familia Huamán Berren. José Huamán, Rosa Berren e hijos.

Mis apellidos son Apaza Huamán y los primeros registros que pude encontrar son de la familia materna. Los Huamán de Trujillo que aparecen en este primer registro familiar realizado en un estudio del Centro de Lima (1925) son José Huamán y Rosa Berren junto a sus niños, entre ellos mi abuelo José Fortunato, quien lleva un cuaderno y tiene apenas 7 años en la foto.

Jovita Lara Esparza e hijas
La abuela Jovita junto a sus hijas.

En esta otra imagen las mujeres de la familia Huiman. Mi abuela Manuela aparece en la esquina derecha junto a su madre Jovita y sus cuatro medio hermanas. “Mañuquita”, como la recordamos, nació en el distrito de Moro en Áncash y luego llegó a Lima junto a su familia. Aunque no sabemos los motivos de la mudanza, mi madre me cuenta que ambas familias se instalaron en pequeñas quintas en el distrito de Lince.

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Las huellas de la migración también vienen del sur. La familia de mi padre proviene de Arequipa y en el caso de ellos no tengo acceso a fotografías por un distanciamiento familiar. Quizás esto sea lo más sensible de toda esta historia, lo más difícil de entender.

Tanto mi hermana como yo hemos podido descubrir un acercamiento a Puno increíble, una conexión que nos lleva a vibrar con su música y folklore. Nuestro primer acercamiento fue en la escuela durante las festividades de octubre cuando teníamos que realizar las danzas de la Candelaria para la kermesse de la escuela.

Como no puedo describir lo que siento cuando escucho una morenada, una saya, una diablada o nuestra marinera puneña con pandilla, me he sentido emocionada al punto de la lágrima en plena danza.

Lo curioso aquí es que no nos pasa lo mismo con otras danzas, entonces descubrimos que hay una conexión especial con el sur por las razones que sea.

Familia Apaza Huamán
Mis abuelos Dora Ramos y Félix Apaza junto a mis padres en el día de mi cumpleaños. (1987)

Mi padre Félix Apaza Ramos nació en Lima, pero sus hermanos nacieron en Arequipa, en donde mi abuela Dora tenía una picantería. La ciudad natal de los padres de la abuela podría haber sido Puno y el apellido Apaza del abuelo Félix tiene origen aymara, aunque él haya nacido en la Ciudad Blanca.

Ambos migraron a Lima hace muchos años y construyeron una casa muy modesta en Flor de Amancaes, en las faldas de los cerros donde recuerdo claramente jugábamos los Siete Pecados.

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Nosotros, los nietos, la segunda generación de migrantes crecimos en medio de juegos, de mucho cariño, pero también de ciertos silencios. En el caso de mi familia materna las relaciones siempre fueron muy abiertas, la memoria de los familiares del norte estaba un poco más actualizada por algunas visitas de tías y primos desde Catacaos.

El tesoro escondido de la familia paterna es una visita pendiente, aunque de niña haya sido muy feliz corriendo y escondiendo los caramelos que mi abuelo me daba, hay una barrera impenetrable que nos separa. Que no tiene que ver con verguenza ni racismo alguno, no en mi caso, es más bien una colección de heridas que nos han llevado a mantener un saludable contacto telefónico en ciertas fechas.

Aunque el taller haya terminado hace dos días, el ejercicio de memoria y reconciliación apenas ha empezado. La búsqueda empieza a tener sentido, las fotografías son herramientas del pasado para recuperar el yo presente, para descubrir, sanar, compartir.

Antes de cerrar este post, que vino a mí como suplicándome escribirlo, quise también saber de dónde podían venir estas ganas de viajar, de siempre querer curiosear qué pasa más allá, entonces comprendo que el origen de Diario Gitano estaba en todas las veces que miré los álbumes de fotos de mamá.

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Mi madre Ceci viajó mucho antes de tenerme. Tiene cientos de fotografías paseando con sus amigas, disfrutando de lugares, de fogatas, caminatas y amigos de la ruta.

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En esta fotografía estamos juntas en la playa, frente al inmenso océano que místicamente siempre se inmiscuye en mi vida haciéndome sentir sus formas, su presencia, su poder auténtico y divino.

Cinco momentos para reencontrarme

  1. El primer díptico Restos es la imagen de mi motivo para salir, para expulsarme a mí misma de un espacio (quizás no necesariamente físico), como respuesta a lo que había sucedido. Estaba rota, me sentía pedazos, física y mentalmente una relación había acabado con lo que yo había sido. Sentía que tenía que salir, reencontrarme en algún lugar.

  1. Inelegible fue la primera vez que fui consciente de que el libre tránsito no existe. Fui consciente de mi condición de diferente. Me negaron el visado que debió haberme llevado a Costa Rica y me sellaron un papel en el que se me etiquetaba como inelegible.

3. El sentimiento de huída o desarraigo podía más que cualquier cosa. Vi un anuncio en una web y me fui a Brasil sin fecha de retorno. No sabía tomar fotos ni hablar portugués, pero igual me presenté como fotógrafa. En esta imagen están dos de mis amigos mirando el mar. El amanecer nos recibía así frente a la casa.

4. Este autorretrato es mi vida a bordo. En el 2014 me uní como tripulante en un crucero y ese traje fue mi piel durante muchos días. Mi vida a bordo es ese delfín fuera del agua, extraño, pero feliz.

Esta última imagen resume mi pasado y presente. Es mi abuela serbia, (la abuela de mi esposo) a la que conocí hace 3 años y extraño hoy muchísimo. Vivimos juntas un año sin poder hablar mucho solo nos abrazábamos.

Existe una búsqueda del yo a través de las migraciones, de no tener hogar. El proceso de no sentar raíces en ningún lugar permanentemente y perder físicamente cercanía con seres que conocemos y amamos es el precio de estas mudanzas voluntarias con el fin  de encontrarme a mí misma.

Vida de fotógrafo a bordo (II) El fotógrafo viajero

Air window
Vista del cielo de Sao Paulo.


Estoy finalizando el contrato, y me doy cuenta que en el diario no he publicado nada relacionado a los itinerarios de viaje de un fotógrafo de cruceros.

Viajar es una de las pocas ventajas que ofrece este empleo, es una manera de explorar brevemente algunos lugares. Digo brevemente porque como tripulante es difícil conocer el corazón de una ciudad por lo corto del tiempo libre.

Hasta ahora, he recorrido unas 16 ciudades, quizás algunas más que de momento estoy olvidando. Donde ven los puntos rojos son las ciudades e islas que conocí desde que renuncié a mi trabajo como comunity manager y empecé a “gitanear” cámara y maleta en mano.

Perú –> Brasil

Mi primera salida de Perú fue en 2013, a mediados de mayo. El ticket  “Lima- Fortaleza” me llevó al nordeste de Brasil. Por motivos de trabajo, fui enviada dos meses después a Recife.

Las vacaciones llegaron y partí a Natal, en el estado de Río Grande del Norte, a inicios de setiembre del 2013.

Después de una larga estancia de 6 meses en el nordeste, llegué por invitación de unos amigos al centro, Brasilia, la capital futurista de Sudamérica.

Moderna y ordenada, Brasilia es una ciudad a la que recuerdo con mucha cariño, pues viví tres meses junto a mi familia brasileña.

Finalmente, en febrero del 2014 retorné a Lima para una “breve” escala antes de partir a Estados Unidos. Resalto la palabra breve, pues esta parada no debía tomar más de 4  semanas antes de volar a Miami para unirme al crucero.


Perú –> Estados Unidos – Canadá – Caribe

No fue hasta quincena de mayo que logré llegar a Miami, conociendo amigos de Jamaica, China y Sudáfrica e improvisando el inglés aprendido en el colegio.

Image, la actual compañía para la que trabajo, me envió al Celebrity Summit el 17 de mayo, hace 8 meses. Desde ese día mi itinerario, es el itinerario del navío.

De mayo a la primera semana de setiembre estuvimos entre Nueva Jersey y las Islas Bermudas.

De setiembre a noviembre, cruceros de 14 días a los puertos de Bar Harbor, Sydney,  Charlotte Town (Prince Edward Islands), Halifax, Quebec, Saguenay y Portland.

Desde quincena de noviembre hasta ahora estamos entre San Juan (Puerto Rico) y las islas  caribeñas de San John, San Croix, Dominica, San Kitts y San Marteen.

Mis puertos favoritos han sido los canadienses: Free Wifi en la mayoría de los puertos, gente  simpática, frío rico, las montañas, los amaneceres, la arquitectura de las ciudades, las calles de Quebec y Halifax.

En cuanto al Caribe yo me quedo con Puerto Rico. Con más destinos para visitar y conocer, barrios como el viejo San Juan y una variada gastronomía. El parecido del viejo San Juan con algunos distritos de Lima como el Callao y Barranco es interesante.

Como mencioné anteriormente, el tiempo libre de un fotógrafo a bordo es muy limitado, así que todo dependerá del horario de trabajo, los ajustes de seguridad de cada puerto y del propio barco para poder salir y conocer.

De Los Andes a Los Balcanes
A pocos días de acabar el contrato, pienso que nunca pensé llegar hasta estos lares. Quizás porque mi mayor sueño siempre fue ir a Europa y conocer París o Barcelona, pero los caminos de la vida son bastante impredecibles…

Después de todo, llegaré al viejo continente en unos días. Y no será París ni Barcelona.

Como ustedes saben vivo enamorada del cine, especialmente del cine europeo y de extremo oriente. Algún día un amigo me llevó al pasaje 18 de Polvos Azules en el Centro de Lima y me  introdujo al mundo de Emir Kusturica.

Recuerdo con cariño muchas tardes y noches escuchando las bandas sonoras de “Underground”, “La vida es un milagro”, “Gato negro, Gato blanco”… descargando toda la música posible de Goran Bregovic e intentando pronunciar inútilmente las letras de algunas canciones.

De aquel entonces, han pasado unos 10 años cuando me empecé a interesar por la cultura balcánica y en especial por la historia de la ex-Yugoslavia.

Bien dicen que todos los caminos conducen a Roma, y todo ese afecto por los balcanes tiene ahora un sentido muy personal, un vínculo fuerte que me motivó a elegir Serbia como mi primer destino en Europa.

Serán 19 horas de vuelo con escalas en Amsterdam y París hasta llegar a Belgrado. Aún en el barco, Marko (mi novio) y yo ya estamos contando los días.

Life on board – “The new hire”

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Bienvenidos a la vida a bordo. Esta es mi primera experiencia como fotógrafa en altamar. Hoy cumplo cinco semanas trabajando en un crucero cuya ruta es NJ- Bermudas, en la costa este de los EE.UU.

Luego de una semana de entrenamientos (y paseos) en Miami (siete días intensos aprendiendo temas de ventas y algo de relaciones públicas), llegué a mi principal destino: Nueva Jersey.

Nueva Jersey es el punto de embarque de cada domingo (al menos durante esta temporada). Aquí estaba hace 5 semanas con mis maletas en la mano y completamente perdida entre miles de equipajes y bodegones portuarios.

¿Mis expectativas? Cero. Ya estaba de pie frente al inmenso barco, una especie de hotel de 12 pisos. Un monstruo de lata con ventanitas redondas, pasadizos laberínticos, luces ámbar, alfombras rojas…

De pronto, soy la nueva en este lugar. Mi mánager me recibe, corremos con el equipaje. Pasaporte por aquí y allá. La Visa, el contrato, los exámenes médicos…

El primer día me asignaron mi habitación y sin dejarme respirar ya estaba en pleno entrenamiento de recursos humanos. No entendía nada. Había mucha gente como yo, también nuevos, perdidos en este mundo paralelo que es muy parecido a una escuela preparatoria.

Los oficiales y capitanes son como los chicos populares de la escuela: guapísimos y pedantillos, tienen las mejores cabinas, asisten a las fiestas del crucero, son parte del staff del capitán, o sea lo más vip del barco.

El resto de la tripulación (“crew”) estamos divididos por el trabajo que desempeñamos. Los fotógrafos y artistas pertenecen a los llamados “staff”, tenemos ciertas comodidades y accesos dentro del barco.

Para seguir con la pirámide están los dealers del casino, los sommeliers y los chefs de los restaurantes vips… y la base de todo se sostiene en la inmensa mayoría que conforma el “crew”: limpieza, mantenimiento, servicios y los cocineros del “crew”…

Convivimos todos en un minimundo vertical que se rige por sus propias reglas. Faltar a una regla es ganar una “banana” (llamada de atención).

Pasan los primeros días y mis “bananas” empiezan a llegar. No logro acatar muchas reglas. Me perdí un trainee por quedarme dormida. No pasé mi primer examen de seguridad naval. Ya me ampayaron cogiendo una galleta del restaurante de huéspedes…

Ya perdí la cuenta de cuantos moretones llevo por causa de los “autopoles” y vitrinas que cargamos todos los días entre el piso -1 y el piso 4. Los equipajes con las luces que montamos para los 4 o 5 estudios de fotos, los backdrops (fondos) que sostenemos día a día, ya se me hacen más livianos por la costumbre.

Lloré los primeros 15 días. Mi primer reto era intentarme montar el foto-estudio sola en unos 45′ y sin ayuda. Imposible. Necesitas ayuda para colocar correctamente el sinfín sin golpear a nadie. Todos los fotoestudios que monta el equipo son en lugares públicos dentro del crucero. Es decir que el montaje se realiza mientras decenas de personas pasan junto a ti preguntando por el restaurante o el baño.

El alivio llegaba al finalizar las jornadas de foto a la medianoche. Como no tenemos día de descanso, todos los día son lunes y viernes para nosotros. Durante las primeras 3 semanas los fotógrafos nos reuníamos en la cabina que compartimos con Ljiliana, mi roomie de Serbia.

La vida después de la medianoche es el único momento para socializar, pues la jornada en el barco empieza desde las 4:00 a.m. para algunos. En el caso de los fotógrafos, usualmente comenzamos a partir de las 7:30 a.m.

Un día de la vida a bordo, equivale a 10 en la vida en tierra firme. La cantidad de tareas realizadas es incomparable. La vida es rápida, todo va como en un rally.

Aprendes a tomar el baño, cambiarte, plancharte el pelo y maquillarte en solo 40′. Comes casi siempre en 10′, alistas tus equipos en 5′ y si queda tiempo entre sesión y sesión, un café bien cargado en solo 5′.

 

“New Hire”

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Nuestra cabina: 1303

Corro como siempre. Aún perdida por los pasillos. No sé cómo llegar a la lavandería en el piso -1. No sé llegar a muchos lugares en este universo paralelo. Algunas noches bebo un vaso de vodka para intentar relajar.

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Lili y yo

Mi roomie, Ljiliana es como mi hermana, nos sentimos en casa estando juntas. Me fascina su acento serbio, intento aprender las frases que puedo entre risas casi siempre. Por las noches solemos bebemos una cerveza y conversar.

Eres la nueva y estás como en el ojo de la tormenta. Estoy casi segura que aquí el 60 por ciento son hombres, el 40 mujeres. Los altos rangos esta copados por hombres. Así que, no es raro que asfixie un poco el aire machista.

Eres la nueva y tienes que acostumbrarte rápido. Cuando todo esto abruma, necesitas amigos.

Aunque me cueste aceptarlo, ya me siento decepcionada. No todos son tus amigos. No todos pueden ni quieren. No tienes intimidad, ni espacio para conocer realmente a las personas…

Nostalgia… la hay. Mi familia y mis amigos queridos en Perú, México, Brasil, Colombia, Espana y Francia… con el ritmo cardíaco acelerado y la adrenalina parece que no extrañaras a nadie, cuando en realidad sientes su falta.

 

Bonus Track

Esta canción le pertenece al mejor momento en mi estadía en el barco “Song on the beach”(Arcade Fire). Cuando la escucho, veo una luz amarilla encendida, esta pequeña cama destendida y dos niños jugando. La cámara invade el espacio lentamente, se cuela del lado opuesto al de la lámpara. Entre los edredones blancos capta la miradas, la luz es tenue, cálida, no necesita filtros. Se murmuran promesas que nunca cumplirán. Se ríen, callan, se  observan nuevamente… infinitos besos en la espalda… todo comienza y acaba porque nada es realidad.

This song belong to one of the best moments of my onboard life: “Song on the beach”(Arcade Fire). When i listen this, i can see the yellow light, this little and desorded bed and two kids playing. The camera gets into the space slowly, it’s in the opposite side of the lamp. Between the white blankets, capture the lookings, the lights is soft and warm, it doesn’t need any filters. They whisper promises they’ll never fulfil. They laugh, keep silence, they look each other… lot of kisses in the back… everything starts and ends because nothings is real.

 

Despedida de Lima  

 

Este post es  una especie de agradecimiento a todos aquellos amigos que durante esta visita a Lima pude encontrar y redescubrir.

Fueron tres meses en Lima, la gris, en los que pude ver a los amigos de siempre realizando sus suenos.

Todos ellos fueron testigos de uma estadía que, por motivos de trabajo, se prolongó hasta hoy 11 de mayo.

Debo admitir que durante las primeras semanas me sentía extraña y fuera de contexto, pero fue gracias a esta gente maravillosa que todo empezó a cobrar color y sentido.

 

Gracias,

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Con Freddy, Day, y José. 10 años después.

 

A Day, José, Freddy, mis hermanitos de la facultad, por la amistad y la alegría de siempre.
A mis ninos exerrepepinos Sabrina, Sandrita, Eduardo y Marquitos por sus consejos y su energías.

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Con Daphne y Jano del taller Fuera de foco.

A Daphne y el taller Fuera de Foco por confiar en mi talento y capacidad, por el aliento de colega y amiga.

A mis amigos del festival Lima Independiente, Alonso Izaguirre, Adriana Milla, Mario Castro por las conversas, los aportes y la confianza.

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Grupo Parasomnia.

A mis amigos del Grupo Parasomnia, los poetas Blanca Segura, Alfredo Coello y Efraín por compartir conmigo su trabajo produciendo y difundiendo la poesía.

Qarla Quispe "Warmichic".
Qarla Quispe “Warmichic”.

A Qarla Quispe por confiar em mi chamba, por unirse a la aventura fotográfica conmigo como parte de mis proyectos y como amiga.

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Artistika.

A mis amigas del taller de Artistika, Isabel y Ali, gracias por la amistad y las sesiones de fotos divertidas.

A Andrea de Sientemag por la noche compartida en una mesa llena de sueños y metas por alcanzar junto a Zory. Mil gracias por la buenísima onda chicas!!!

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Charly y Vincent.

A los amigos trotamundos del Couchsurfing, Vincent, Charly y Jorge Patricio con quienes compartí  experiencias de vida y conversas increíbles.

A mis amigos de la vida, Mirtha, Daniel, Isabel, Fernando, Rebeca, Walquiria, Tulio, Heloise, Sophia, Nadia, Moraima y Elena, quienes desde diferentes partes del mundo me envían siempre su aliento y amor infinito.

A ti que lees esto y eres el agradecimiento más difícil de dar porque sé que nos encontraremos nuevamente y para cuando eso suceda quiero mi canción “Neo” y nuestra foto en la Alhambra 😛

A mi familia querida, mi unni Joy, mi gordito Fabi y mi madre Cecilia quienes son un motor incondicional.

Ahora sí a embarcar.

Capítulo 1: La partida.

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Esta fotografía la capturé a fines de marzo. Cuando la tomé me sentía perdida, estaba en Lima, pero perdida en mi propia ciudad. Hace muchos años caminaba con la sensación de estar desconectada de mi lugar y pensaba que era culpa de Lima.

Con los años, experimenté una especie de “giro” que hizo que me enamorara de este gris, del olor, del sabor, del color de las calles.

Vivir en una ciudad con 9 millones de habitantes es complejo, pero conozco mucha gente que vive en una ciudad y la desconoce por completo. Yo me siento feliz de haber encontrado pequeños “paraísos” en la mayoría de distritos de la capital.

Durante estos últimos años, para ser precisos desde inicios de 2011 hasta la fecha, me he mudado un aproximado de 8 u 9 veces. He vivido sola, convivido y compartido pisos con algunos amigos. Quizás, por esa sensación de ‘nomadeo’, de inestabilidad absoluta y andar cargando trastres cada dos por tres, es que decidí llamar a este blog como Diario Gitano.

Con más razón, ahora que parto de Lima a Sao Paulo. Me voy, pero la sensación respecto a Lima ha cambiado con los años. Siento que dejo un pedazo de tierra, que me ha sido difícil de amar y comprender (y a veces aún me pasa), pero me siento parte de ella, de su locura, de su gente, de su tráfico intenso y brutal…

Imposible no pensar en la familia y en los amigos. Falta poco para mi embarque y mi mente proyecta breves ráfagas de imágenes de los últimos meses. Están las cenas con los amigos, las reuniones familiares, los dientes de leche de mi sobrino, el nuevo color de pelo, la depresión, los libros nuevos, los ideales de ayer hoy y siempre, las frustraciones, los sueños, los bailes, las madrugadas, las lecturas feministas, las reuniones del festival de cine, la comida de mamá, los encuentros, los desencuentros, tú, yo, nosotros, el beso de despedida en la estación central.

Hasta pronto Lima 🙂

—>Si estás de venida: En Lima están pasando muchas cosas: hay gente moviendo el tema de cultura comunitaria, teatros en las calles, festivales de danza, talleres de cine, cine itinerante, músicos emprendedores buscando espacio (con ayuda y sin ayuda de las grandes industrias), promoción del consumo responsable de productos orgánicos, redes de periodistas, colectivos fotográficos…

Siempre hay algo que hacer y por colaborar  o desarrollar. A los que quieran venir, pues tienen una ciudad compleja, pero emocionante. Les recomendaría estar abiertos a nuevas formas de vivir su estadía saliéndose de lo que está establecido como “turístico”. Lima no es un cliché, no es un bar y cuatro calles.