Viviendo en Serbia

Reaparezco por aquí luego de tres meses, soy una mala blogger, pero es que debo confesar que escribir este post me ha costado.

Diciembre pasó muy rápido para mí. Entre los preparativos para la boda, la Navidad, el Año Nuevo el tiempo voló y no conseguí  sentarme y escribir.

Mi esposo y yo tuvimos que dejar en pausa nuestro trabajo como fotógrafos a bordo para conseguir los visados de nuestro siguiente destino.

Temporalmente vivimos en casa de la abuela en Pozarevac, una ciudad de unos 80 mil habitantes a una hora de Belgrado.

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Abuelas haciendo compras en el mercado local de Pozarevac. Foto: Sara Apaza.

Cuando vine la primera vez, de vacaciones, no me percaté de la escasa vida socio-cultural que se desarrolla aquí. El corazón de Pozarevac es un conjunto de tiendas, mercados, cafetines y bares pequeños.

Ahí también se ubica el centro cultural que cuenta con una librería y una cineteca que solo abre en ciertas fechas con algunas películas comerciales.

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Centro cultural de Pozarevac. Foto del Municipio de Pozarevac.

La danza, el teatro, la pintura y el arte en general, se desarrollan solo como parte de la currícula escolar, fuera de ello, la comunidad tienen pocas opciones de ocio.

Esa es una de las razones por las que la mayoría de estudiantes que finaliza la secundaria, parte a Belgrado. Los jóvenes  se marchan de aquí con miras a una vida distinta. Los que se quedan lo hacen resignados a encontrar un trabajo con salario mínimo y sobrevivir.

Pese a que las condiciones no son para nada ventajosas, la gente es generosa y alegre. Los fines de semana las familias se reúnen en las casas para preparar el almuerzo o celebrar alguna fiesta.

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Aquí una instantánea mientras preparábamos el almuerzo un domingo.

 

Vida nocturna

Por estos lares, la mayoría suele ir al centro en busca de música en vivo. Casi todos los bares tienen bandas interpretando música serbia contemporánea. La mayoría se junta en lo que llaman kafana (café-bar) y luego parten pasada la medianoche a alguna discoteca, pero no para bailar, sino para seguir bebiendo. Es algo que me llama la atención, los chicos no suelen bailar. Los pocos que se animan lo hacen con  varias copas encima porque son muy vergonzosos.

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Kafana de Pozarevac. Foto: Sara Apaza.

Viviendo en la más gitana de las Europas, en la del este, yo me esperaba encontrarme con mucha música como la de Goran Bregovic, pero la mayoría escucha a los cantantes de moda que salen en la TV o en la radio que no son muy gitanos que digamos. Antes de darles info sobre los bares les dejo una muestra de lo que suena aquí en una disco (irónicamente la canción se llama “Bela ciganka”, que en español significa “Bella gitana”).

El precio de los tragos en comparación con Lima es más barato. Un cocktail de calidad suele costarte unos dos a tres  dólares y una cerveza chop solo un dólar.

Las chicas y los chicos suelen formar grupos, separándose un poco entre sí. Esto lo he visto incluso en los recreos de las facultades universitarias. Los veo conversando apartados hombres de mujeres, mientras almuerzan o comen el bocadillo durante los descansos.

Volviendo a las  noches. Después de la fiesta, si vas en taxi, no debes preocuparte el transporte es muy seguro. Nunca hemos tenido mala experiencia. Por lo general, los taxistas son muy respetuosos y reservados. Todo es tan cerca que a lo mucho saldrás pagando 3 dólares por la carrera.

Vida cotidiana

Nuestros días transcurren en la incertidumbre.  Hay días en los que la ansiedad se siente y para curarla salimos a caminar. Cargamos las cámaras y nos vamos cuesta arriba para  captar el aterdecer.

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Atardecer en Pozarevac. Foto de Marko Stojkovic.

Si hay algo que me gusta de vivir en el pueblo es ese aire de vida retirada, como aquel poema de Fray Luis de León que recuerdo haber leído en la escuela…

“Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.”
(Fragmento de “Oda a una vida retirada”, Fray Luis de León. )

Convivir con la abuela también es parte de ese poema. Su vida transcurre en medio de un sosiego admirable. Desde hacer el pan, hasta enseñarme a tejer, en todo momento lleva paz consigo.

Sin embargo, debo admitir que hay días en los que he sentido hastío. Soy una mujer de ciudad, de bus, de calles, de vida mundana. Aunque muchas veces haya soñado con estar desconectada de todo y de todos, extraño aquella adrenalina diaria. Frente a estos sentimientos hay un quiebre, una sensación de saber que pasará, ¿a dónde iremos a parar ?

Bonus cumpleañero

Hace unos días fue mi cumpleaños número 30. Aunque nunca haga nada extraordinario para esta fecha siempre me llena de emoción envejecer.

En medio de todos los saludos y los buenos deseos me quedé pensando  sobre uno de los deseos más fuertes que he tenido desde pequeña. Siempre quise volver a tener una abuela.

Mi abuela materna siempre fue como una madre y amiga para mí. La perdí cuando tenia 8 años y desde entonces quise volver a tener una.

De alguna forma ese deseo tan viejo y profundo se ha cumplido desde que vivimos con la abuela de mi esposo. Yo siempre la llamo “Bako”, que es como aquí se dice abuela, aunque se me escapa el diminutivo y me sale algo tan criollo como “Bakito”, con cariño, (aunque claro aquí esa palabra no existe), pero ella me entiende y ríe. No se imagina que es mi regalo.

 

Datos de viaje
Ticket Lima- Belgrado -Lima:
Precio aproximado: US$ 1500. Tiempo de viaje: 22h.
Ticket Belgrado-Pozarevac (Bus):  US$15.00 Tiempo de viaje: 60 minutos.
Hoteles: Un solo hotel local. Lo ideal es hospedarse en casa de un amigo o familiar.
Gastronomía: La cocina balcánica tiene influencia de la gastronomía eslava, turca y mediterránea. Son comensales con preferencia por la carne de res y de cerdo. Casi nunca se come pescado, a excepción de la Pascua o las fechas como San Nicolás. No es el mejor destino para los veganos.
Religión: Ortodoxa.
Moneda: Dinara. Cien dinaras son equivalentes a un dólar.
Idioma:  Serbio. Alfabeto: Cirilico.

MANIFIESTO: 365 días de libertad

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Me llamo Sara, soy peruana. Tengo 27 años y este es mi manifiesto.

Llevo 365 días de libertad absoluta. Hace un ano volví a nacer. Desde ese día, nadie me juzga o se atreve a menospreciar mis opiniones.

La madrugada del 16 de noviembre decidí que no quería convivir más con la violencia. Me cansé de llevar los ojos hinchados al trabajo, de ocultar los moretones de los brazos con blusas de mangas. Yo quería mi cuerpo descubierto: LIBRE.

Renuncié. Hice mis maletas cuando tú no podías verme a la cara. Esta vez no lloraste, esta vez no repetiste: “No lo volveré a hacer”. No lo dijiste porque no hubo tiempo. Me fui para no presenciar aquella patética escena del perdón.

Comencé una vida nueva: Nunca más te vi la cara, nunca más respondí un correo tuyo. Todo eso ahora parece la cosa más sencilla, pero no lo fue.

Aquella imagen de mi cuerpo sobre el suelo, aquel grito desesperado “Basta”, son huellas imborrables, ya no duelen, SON MEMORIA.

Cuando vemos las noticias, los titulares policiales hablan de feminicidios a diestra y siniestra: mujeres acribilladas, apuñaladas, envenenadas, golpeadas, vendidas… Mujeres que perdonan una y otra vez. Todos lo vemos a diario y algunos pensamos “pues qué idiotas”, “por qué no los dejan”, “qué esperan”.

La portada del diario siempre será una mujer de condición humilde, con poca educación y con hijos: No existe nada más cliché.

Volvemos a las noticias: ellas. Son siempre ellas: “Ella me provocó.”

Ella es siempre una mujer sin rostro, una anónima silenciosa que no denuncia, que calla, que siente vergüenza…

Ella no es tu amiga, ni tu prima, ni tu hermana, no felizmente, esas cosas les pasan a otros, porque sería imposible de aceptar que tu hermano-amigo-primo o conocido sea tan miserable para tocarla. No, IMPOSIBLE.

Hoy ella se niega rotundamente a ser parte de las estadísticas. YO me niego al olvido porque soy feliz con mi libertad ahora. Celebro la vida, el amor y la equidad. Me niego a pensar que seremos siempre una minoría. ¿Acaso todas las minoría juntas (feministas, homosexuales, negro e indígenas) no somos la gran mayoría responsable de cambiar la sociedad? ¿Acaso no somos todos el motor que mueve el mundo?